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	<title>Historias travestis</title>
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		<title>Ivonne (La Travesti Guatemalteca)</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 15:12:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hola mi nombre es Ivonne, y les contare como inicie en este delicioso mundo del travestismo. Ahora tengo 25 años y a pesar de que sigo siendo de closet estoy locamente perdida en el vicio de ser penetrada por un hombre. Todo comenzó a los 18 años, muy diferente a como la mayoría empiezan. Siempre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola mi nombre es Ivonne, y les contare como inicie en este delicioso mundo del travestismo. Ahora tengo 25 años y a pesar de que sigo siendo de closet estoy locamente perdida en el vicio de ser penetrada por un hombre. </p>
<p>Todo comenzó a los 18 años, muy diferente a como la mayoría empiezan. Siempre había tenido definida mi sexualidad, me gustaba las chicas, mas sin embargo siempre había sido burla de mis compañeros diciendo que tenia mejor culo que algunas chicas de la clase, la verdad a mi me parecía una broma. Había terminado de estudiar el bachillerato en mi país Guatemala y soñaba con estudiar en la Universidad, pero la situación económica de mi familia no me lo permitió por lo cual me vi obligado a conseguir un trabajo. Trabaja todos los días en un pequeño camión repartidor de productos en centros comercial, por lo cual me tocaba manejar largas noches hasta llegar a casi todos lados en el Pais. </p>
<p>Un día me toco ir a un lugar llamado Cobán, Alta Verapaz como a 4 horas de la ciudad. Todo parecía normal en el día pero de repente empezó a caer una lluvia la cual en momentos se convirtió en una gran tormenta. Decididi seguir manejando esperando que el clima mejorara, cuando de repente escucho un gran ruido en mi carro, rapido pensé que había atropellado a alguien pero lo único que había pasado era que había golpeado una piedra y había pinchado mi llanta. ¡DIABLOS!, con rapidez me baje y me di cuenta que el problema era algo mas que eso. En ese momento me fruste y me enoje por lo cual me quede afuera del auto, mojandome y llorando amargamente por no poder hacer nada. </p>
<p>En ese momento veo como a lo lejos se acerca una carro, de esos tipo agrícolas, y en el iba un señor de unos 50 años. -¿puedo ayudarlo en algo?, fue su pregunta. Rapidamente accedí y me dijo que lo mejor era que dejara mi carro ahí, muy amablemente me ofreció un lugar donde pasar la noche. En el camino iba relatando que viva solo, que su única hija se acababa de ir de la ciudad para la capital y que su esposa tenia 5 años de haber muerto. Estaba sorprendido de la confianza que el me tenia. </p>
<p>Por fin luego de unos 20 minutos llegamos a su casa, el rápidamente me ofreció una toalla y me dijo: -no te preocupes, buscare algo de ropa para que te quites esa mojada-, le agradecí y espere unos minutos en la sala de la casa, que por cierto era una casa muy bonita. Miro los cuadros familiares y me di cuenta lo lindas que eran su esposa y su hija. Por fin apareció el, y me dijo -porque no subes al &#8230; <span id="more-370"></span>cuarto del fondo, deje algo de ropa para ti ahí, echa tu ropa mojada en ese canasto y yo la secare-. Me seguía sintiendo sorprendido, pero a la vez agradecido.</p>
<p>Por fin entre a la habitación y me quede con la boca abierta al ver que era la habitación de su linda hija. Sigue caminando y cuando llegue a su cama vi una nota que decía: &#8220;Ya vi el lindo cuerpo que tienes, en el closet hay mucha ropa para ti, viste muy linda y te espero abajo&#8221;. ¡QUEEEEEE! fue mi reacción al ver esto, que cree que soy este desgraciado, salí corriendo pero cuando intente abrir la puerta me di cuenta que esta con llave. ¡MALDICIÓN! dije dentro de mi. Para desgracia había dejado mi ropa afuera de la habitación ya que el se había ofrecido a lavarla, y ahora estaba ahí, desnudo, humillado y con miles de ropas de mujer a mi alrededor. </p>
<p>Pasaron unos minutos y en mi mente me rehusaba a ser humillado de tal manera, pero después de algún tiempo el frio de mi cuerpo empezó a ser mas fuerte. Por mi mente pasaban miles de ideas, y en una de esas pensé que si talvez le seguía la corriente a ese tipo me dejaría en paz, quizá solo era un pervertido que le gustaba la ropa de mujer. En ese momento decidí buscar algo que ponerme y abrí el Closet, en ella encontré verdaderamente un mundo, (sin saber que ahora seria mi mundo), vi tangas, medias con portaligas, cacheteros, baby dolls, minifaldas, tops, blusas vestidos, y miles de zapatos en especial de tacón. La curiosidad me gano y empece a probarme la ropa, cuando sentí estaba con una tanga negra la cual estaba en medio de mi culo. Una extraña sensación pero agradable paso por mi cuerpo, ¿Que es esto? se sentía rico, así me empece a poner unas medias las cuales eran el conjunto de la tanga, las sensación de las medias eran aun mayores y eso me encantaba aun mas, esto me empezaba a excitar de una manera tremenda. Lo único que me puse luego fue un minivestido color negro (que aun lo conservo como regalo de esa primera vez). Al final solo me puso unos zapatos de tacón alto, color gris como de 13 cms. Recuerdo que esa primera vez fue algo insípido, sin maquillaje ni nada mas que las ganas de terminar con esto. Después de algunos minutos por fin baje a la sale y ahí estaba el. ¡WOW! fue su expresión al verme así. -Pense que nunca vendrías niña-, me dijo, -eres idéntica a las amigas de mi hija-, -sientate, solo te falta algo mas para que seas una linda señorita-, en esos mentos se fue y regreso con una peluca liza rubia y me la puso. ¡BRAVO! &#8211; estas echa toda una mujer-, en ese momento la pregunte ¿Que es lo que quiere de mi?. -Vamos relajarte dijo-, hace mucho que no salgo, platico con alguien y solo quiero pasar un rato agradable al lado de una joven como tu. Mis ideas seguían mas revueltas que nunca. ¿Sera que de verdad solo quiera platicar? ¿Que ni se le ocurra insinuarme algo sexual?.</p>
<p>El me ofreció algo de tomar, era algo como agua ardiente, era muy fuerte, y la platica se fue extendiendo, parecía una persona muy agradable, y me empezo a gustar la idea de que me dijiera y me tratara &#8220;Nena&#8221;. Luego de unos minutos platicando me dijo -Que te parece si te ponemos un nombre como la nena que eres-. desde ahora te llamaras Ivonne. ¡Geniaall! eso me seguía excitando mas y mas. Parecia ser que habíamos tomado demasiado, y el puso algo de música romántica. Su cuerpo empezó a acercarse al mío, y esa sensación rara pero agradable nuevamente invadía mi mente, el se acerco a mi, me tomo por la cintura y sus labios se acercaron a los míos. -De verdad eres una mujer hermosa- menciono, mi cuerpo y mente ya no aguantaba más, esto realmente me estaba gustando. Respondi a esos alagos con un beso en la boca, el cual fue verdaderamente delicioso. Sus manos me tocaban y acariciaban toda la cintura, y de repente fue bajando por todo mi culo, me levanto el vestido y empezó a acariciarme de una manera muy cariñosa mientas nos seguíamos besando. Esto de ser mujer realmente me estaba gustando demasiado. </p>
<p>En ese momento me dijo: -¿Ivonne, te gustaría ser mi mujer hoy?, realmente mi mente tenia una respuesta pero la situación tenia otra. Lo único que pudo decir es ¡SI! algo sonrojada. El se quito la camisa y veía su pecho desnudo, lo empece a besar y el con mucha habiliada me corría la tanga masejeando mi ano. Mientras nos seguíamos besando el se quito el patalon y pudo ver su pene, de unos 20 cms de largo muy grueso y jugoso, en ese momento no sabia que eso seria mi delirio por los próximos años, tener un pene en mi boca o aun mejor en mi culo. El me quito el vestido y me dejo solo en tanga, medias y zapatos, en esos momentos con su dedo siguio acariciando mi culito, siguió haciendo con dos dedos y luego con tres hasta que mi culo se habrio un poco. En esos momentos puso un condón en su maravilloso miembro y puso su pene en mi culito, -tranquila nena-, y como todo un caballero me dijo -si no te sientes bien me dices-. En eso momento empezó a metermela despació, realmente me dolía demasiado pero la calentura que tenia me hacia olvidar eso. Luego empezó mas rápido, ¡Haaaa! mira como se excitaba y le encaraba. -¿Te gusta nena?- ¡SIIII! ¡ME GUSTAAA! le respondía mientras por fin todo su pene estaba dentro de mi culo.!!! </p>
<p>Podia ver es su rostro el placer que sentía y me encanta poder complacer a un hombre, a pesar de el dolor. Luego de unos minutos pudo ver como saco su miembro y se corrió en todo mi culito. Nos besamos y nos quedamos abrazados luego de tan excelente cogida. </p>
<p>A partir de ese día mi vida cambio, y los penes se volvieron mi vicio. Ya les contare mas de mis relatos.</p>
<p>Ivonne. </p>
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		<title>El diario de una princesa 3 (mi primera vez)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Apr 2012 14:14:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hola a todos, hacía mucho que no escribía un relato pero hoy con el frío que hace y bien vestidita les contaré cómo es que perdí mi virginidad y por fui una mujer feliz! Antes que nada, quise aprovechar la casa sola para vestirme y tomare muchas fotos, me encantan, hoy decidí darme una ducha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola a todos, hacía mucho que no escribía un relato pero hoy con el frío que hace y bien vestidita les contaré cómo es que perdí mi virginidad y por fui una mujer feliz!</p>
<p>Antes que nada, quise aprovechar la casa sola para vestirme y tomare muchas fotos, me encantan, hoy decidí darme una ducha y depilarme toda, me encanta ver mis piernas depiladas, me puse una tanga rosa con flores, muy coqueta, un bra color lila con encaje que hace que mis bubis se realcen y luzcan bonitas, a pesar del frío tengo puesta una mini falda ya que quiero aprovechar la depilada, todo esto lo combiné con un blusita azul y alacié mi cabello (lástima que no se pueden subir fotos).                     </p>
<p>Pero ésta historia no se basa en cómo estoy vestida el día de hoy sino en cómo por fin me animé a estar con un hombre. Yo tenía 18 años, la edad perfecta para poder ya dejar de ser virgen, en mi cabeza siempre rondó esa idea, al menos desde que empecé a vestirme, dejar de ser virgen a los 18 como toda una señorita, he de confesar que me daba miedo porque estaba confundida, ahora sé que me encanta.</p>
<p>Ya llevaba un tiempo de haberme mensajeado con un chico no tan chico, 32 años para ser exacta, guapo, alto, fuerte, amable, en realidad el único que me ha conquistado del todo, además de que siempre me han atraído los hombres maduros. Un día, por fin me decidí a verlo pero como buena niña “closetera” no tenía nada de nada, pero él como todo un caballero me llevó de compras.</p>
<p>Yo tenía clases en la Universidad pero dije “es ahora o nunca” y lo vi en la Zona Rosa, lo vi afuera de ZARA para escoger lo que me pondría, debo confesar estaba nerviosa porque era mi primer encuentro con un hombre y se me salía el corazón de tan solo estar parada ahí, nos quedamos de ver a las 3 de la tarde y fue puntual, estaba de espaldas y sólo sentí una mano en la cintura diciéndome “Mariana” (así me hacía llamar en mis inicios como chica, desde hace mucho soy Daniela), lo cuál me hizo sentir “Woooooow”. Nos saludamos, algo nerviosa pero me tranquilicé, escogí una mini falda negra muy corta pensando que me la levantaría y jugaría conmigo, una blusa morada escotada, medias negras y una tanguita coqueta, negra con un moñito al frente.</p>
<p>El camino a Versus (casa travesti de aquélla época) fue raro, la verdad platicamos poco pero él en todo momento me tranquilizó y tomaba mi mano para calmarme, eso de verdad lo sigo recordando hasta el momento. Por fin llegamos y la chica que me atendió me hizo sentir cómoda, segura y sobre todo linda ya que me dijo que me&#8230;<span id="more-368"></span> veía bonita sin siquiera haberme maquillado. Aún faltaba mi bra porque una nena no puede andar así sin su bra, ahí había uno con efecto push-up; me dejó ahí para irse a comer mientras me maquillaban y la aventura continuaba.</p>
<p>Subí para comenzar con mi transformación, primero mi tanguita negra, seguida del bra, medias negras, mini falda y la blusa. Bajé las escaleras y comenzó la maquillada, la plática la verdad fue muy amena con la chica que me maquilló, no paraba de decirme que me veía como niña, en realidad, siempre me lo han dicho pero a veces me es difícil creerlo, jijiji. Por fin terminó pero aún faltaban los zapatos, ella amablemente me prestó unos porque no quería que mi primer salida fuera descalza y/o con zapato de niño siendo toda una mujer. Al verme frente al espejo, creo que quería llorar de emoción, por fin mi sueño de verme bien maquillada, arreglada y lista para salir con un hombre, se me había cumplido.</p>
<p>Por fin pasó por mi y aún recuerdo su cara de asombro, se acercó a mi, me tomó de la cintura, me plantó un beso, mi primer beso con un hombre y yo sentí mariposas, sentir sus labios, sus manos rodeando mi cintura y tocando ligeramente mis pompas, woooow! Me abrió la puerta del auto, subí y yo lo que quería era ir a la zona rosa a caminar un poco, pasear como nena, tomar un helado, qué sé yo, pero el camino hizo que nos desviáramos ya que había mucho tráfico y “curiosamente” dimos con un hotel cerca de Insurgentes, antes de irme mi amiga me dijo “usa condón para que no pase nada” y hasta ahora sigo el consejo!</p>
<p>Él me preguntó: “¿Quieres entrar?” y yo no dude ni un segundo, lo besé y le dije “Es lo que he estado esperando desde que te vi”, no sé si eso lo prendió pero aceleró para conseguir una habitación, jiji. Aún recuerdo la cara del señor del hotel al verme con lujuría, eso es de lo mejor que siento nos puede pasar a las travestis, también un chico detrás de mi no dejaba de verme las piernas, por lo que me dicen se me ven bien (lástima que no puedo subir fotos).</p>
<p>Por fin entramos en la habitación y empezó a besarme, aún recuerdo cómo sus besos erizaban mi piel, al principio tenía miedo pero al sentir sus besos, descubrí que un hombre es lo que quiero en mi vida y  no sólo eso, sino ser su princesa. Cabe mencionar que cumplió mis sueños, transformarme en una dama, señorita, nena, etc., me hizo sentir mujer.</p>
<p>Al mismo tiempo que me besaba sentía cómo se excitaba y su pene comenzaba a levantarse, fue una rara sensación pero a la vez agradable. Aún recuerdo que no dejó de besarme mientras al mismo tiempo tomaba mi cintura y me decía “qué hermosa te ves” NOTA: CHICOS, es lo que nos gusta, que nos traten como nenas!</p>
<p>Mientras seguía besándome me tomaba de la cintura y me decía cosas como “mamacita, te ves muy bonita” “eres una princesa” y wow, eso prende! Le quité la camisa dejando a mi hombre en jeans y se veía tan fuerte, tan guapo, tan excitante! Se acercó a mi, me volteó y puso su espalda contra su pecho al tiempo que me acercaba de las nalgas a su pene, aún disfruto eso con cada chico con el que estoy, me besó el cuello, la espalda, los hombros, no dejaba de besarme y por fin hice lo que una chica debía de hacer, voltearme, ponerme de rodillas y besar ese miembro que tienen los hombres y nos vuelve locas a las mujeres.</p>
<p>Me arrodillé, le bajé los jeans, le bajé el bóxer y al ver su pene en mi cara me excité más, por fin  sería esa chica de las películas porno chupando el pene de su macho, por fin me entraría esa masculinidad en mi zorra boca, por fin! Me lo metí en la boca como niña con juguete nuevo, lo besé, lo acaricié, lo chupé con todas mis ganas, siempre había querido probar uno, siempre había querido metérmelo y disfrutarlo, sabe salado rico, mi zorra boca tenía miedo de probar y que le gustara, se equivocó un poco, ME ENCANTA!!!!!</p>
<p>Él me acariciaba la cabeza haciéndome disfrutar de su pene, por fin me dijo las palabras mágicas “Quiero cogerte mamacita”, me levanté como de rayo, le pedí que sacara el condón y no traía, OMG me quería morir, sin condón no hay acostón, claro que se ofreció a ir por los condones a la recepción pero al verlo solo en bóxers listo para mi no quise interrumpirlo así que le pedí el dinero y me ofrecí a salir por ellos.</p>
<p>Al llegar a la recepción el señor del hotel me dijo “qué se le ofrece señorita” a lo que respondí “unos condones por favor”, pagué con un billete de 500 y no traía cambio por lo que salió a buscarlo a la tienda de en frente, mientras esperaba, noté que un chico detrás de mi estaba sentado viéndome las piernas, creo que fue la primera vez que me sentí tan zorra porque le dije “quieres tocarlas?” al tiempo que le ponía la mano en mis piernas hasta llegar a mis nalgas, esas nalgas que estaban cubiertas por una mini falda que hacía lucir mis esbeltas piernas!!!!</p>
<p>El señor llegó con el cambio y nada más pasó, pero sé que al chico le gustó! Entré por fin al cuarto y mi hombre estaba acostado, con el pene parado esperando a su princesa, no aguanté más, le puse el condón y le pedí que me la metiera con cuidado porque sabía que dolía, les puedo asegurar que es el hombre que más rico me la ha metido, me bajó las medias, me levantó la falda, me puso lubricante, me fue dilatando hasta que por fin me penetró, entró su ancho pene en mi, acostada, viéndolo a los ojos y me dijo “te va a doler pero te va a gustar mamita” y entró ese pene en mi, dolió? Si y mucho pero duró como 5 segundos el dolor que se volvió placer, muuuuucho placer!!!!</p>
<p>Cambiamos de posición, se acostó y me monté sobre él y me movía como loca, traía un pene entre mis nalgas y lo que alguna vez me daba miedo en ese momento se volvió puro placer, me movía como una loca, al menos él decía:</p>
<p>-       Pensé que nunca habías cogido y te mueves como toda una zorrita, si de que te encanta, te encanta. (al tiempo que me daba nalgadas)</p>
<p>Cambiamos de nuevo de posición y quería quitarme la mini falda, le pedí que no lo hiciera y me pusiera de perrito y me la metiera así,  me puso de perrito y comenzó a metérmela de nuevo al tiempo que me masturbaba, tener a un hombre así me encanta, perdido entre mis nalgas y mi aroma!!!!</p>
<p>Después de un tiempo me dijo “me voy a venir mamita” y me excité tanto que me vine, saber que di tanto placer a mi macho me prendió, él también se vino dentro de mi (con condón) y me dio un beso diciendo:</p>
<p>-       Coges riquísimo mamita!!!!</p>
<p>Creo que hasta ahora naaaaadie se puede quejar, jejejeje! Nos vestimos de nuevo y me llevó a la casa de transformaciones a que me pusiera de nuevo mi disfraz de niño, iba emocionada y triste porque quería más pero para ser la primera vez no estuvo mal!</p>
<p>Me esperó como todo un caballero y aún me llevó a la Universidad, ya de chico se despidió de mi dándome un beso diciendo:</p>
<p>-       Adiós mamita, te veo pronto!!!!</p>
<p>Ya en clase algunos compañeros en tono de broma me dijeron “parece que te acaban de coger” y si, así fue, acababan de darme una cogida que jamás olvidaría y que a la postre sería el inicio de una serie de hombres en mi vida!!!!</p>
<p>P.D.: Si lees mi relato, aún quiero verte y quiero estar de nuevo contigo!!!!</p>
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		<title>Cómo conquisté a mi hombre</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Apr 2012 12:58:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo vi por vez primera en el vestuario del gimnasio. Tenía unos cuarenta años y era un hombre fornido, de pecho amplio e hirsuto, brazos robustos y mandíbulas marcadas. Me enamoré de sus ademanes y de la mirada oscura y dulce que contradecía la hosquedad de su rostro. En los días posteriores empecé a mostrar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo vi por vez primera en el vestuario del gimnasio. Tenía unos cuarenta años y era un hombre fornido, de pecho amplio e hirsuto, brazos robustos y mandíbulas marcadas. Me enamoré de sus ademanes y de la mirada oscura y dulce que contradecía la hosquedad de su rostro.</p>
<p>En los días posteriores empecé a mostrar mis armas. Lo miraba como tímidamente y cuando estaba desnudo, me agachaba para que viera en primera línea todo mi misterio. Sabía que no era homosexual, pero mi juventud de veintidós años y mi cuerpo endeble y lampiño, con hombros caídos, pecho hundido, extremidades delgadas y culito respingón, junto mi rostro aniñado, me hacían muy femenino, y en varias ocasiones lo descubrí mirándome de soslayo.</p>
<p>Cuatro semanas después de insinuaciones calladas y miradas furtivas, aprovechando que había poca gente en el vestuario, me decidí. Con una toalla envolviendo mi cintura y ocultando lo que él odiaba, entré en la ducha donde se había metido, y lo miré a los ojos. Él vaciló asombrado y antes que reaccionara, me arrodillé frente él.</p>
<p>-         No soy como tú – espetó.</p>
<p>-         Yo tampoco soy como las demás – dije – Cierra los ojos.</p>
<p>No sé si lo hizo. Cogí su miembro y lo lamí suavemente para después metérmelo en la boca. Él no intentó zafarse, ni tampoco me dijo nada y ante la ausencia de rechazo, continué chupando, fascinado como su verga se hacía cada vez más grande dentro de mi boca. Luego me llené la boca con sus testículos, y con una astucia comedida, recorrí mi dedito entre sus nalgas, para que aprendiera la diferencia entre un mujer común y una persona como yo.</p>
<p>Finalmente me agarró la cabeza y con bruscos empellones me folló la boca salvajemente. Cuando noté que estaba a punto de venirse, me saqué la verga de la boca y la pajeé mientras le estrujaba y le lamía los huevos. Él me tiró del pelo, fuera de sí, y finalmente, soltando lengüetazos de leche, se vino sobre mi cara.</p>
<p>Lamí su leche de mis dedos y me levanté. Me acerqué a su oído, sin tocarle, pues no quería despertarlo de su momento mágico al verme como un hombre.</p>
<p>-         Mañana por la mañana estaré solita en casa. – le susurré al oído – Y vestida como a ti te gusta. Si quieres, tienes mi dirección en el bolsillo de tus pantalones.</p>
<p>Entonces me fui y entré en otra de las duchas. Allí me metí tres dedos en el culito y soñé con él mientras jugaba con mi pollita tiesa y maliciosa. Me vine como nunca y me duché con calma, enjabonándome cada centímetro de mi piel y dándole tiempo a mi hombre de secarse, vestirse e irse. Pues no quería que me viera como un hombre. Él anhelaba a una mujer y yo le otorgaría más que eso.</p>
<p>A la mañana siguiente&#8230;<span id="more-365"></span> me duché y me limpié el culito por dentro y por fuera. Me apuré la barba, me afeité los testículos y el culito y me dejé un pubis hermoso. Quería ser una mujer limpia, pulcra y bien depilada para mi hombre. Después me pinté las uñas, me maquillé y me coloreé los labios. Utilicé mi peluca lila, que resaltaba mis ojos azules y me hacía más atrevida. Me vestí un corsé con ligas que estrechaba mi vientre plano, marcaba mis caderas y sin que tuviera pechos, me hacía ostentar unas tetas tímidas y respingonas. Me enfundé en un vestidito negro muy ajustado y me calcé unas botas de tacón hasta parecer una buena zorra, a la par lúbrica y tímida. Era mucho mejor que cualquier otra mujer.</p>
<p>Esperé con impaciencia a mi hombre. Los minutos pasaron muy lentos. Me sentaba en el sofá y me levantaba continuamente. Mi pollita latía de impaciencia. Esperaba no erectarme muy ostentosamente mientras lo tuviera entre mis brazos. A mi hombre no le gustaría sentir mi erección. Era mejor simular, de momento, mi clítoris superlativo.</p>
<p>Sonó el interfono y los nervios se agolparon en mi garganta. Respiré profundo y respondí con voz femenina. Era él. Irrumpió en el piso a pasos vivos, pero con la cabeza gacha. Sabía que la excitación lo había llevado hasta aquí, pero que la vergüenza de fornicar con un hombre, lo aniquilaba por dentro. Sin embargo, al levantar la mirada, no tropezó con un chico. Enfrente se encontró conmigo, una chica maravillosa y prendida de él, deseosa de su deseo. Pude notar el fascinante asombro en sus ojos. Algo cambió en su interior. Todo el arrepentimiento que predecía sentir se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.</p>
<p>-         ¿Quieres tomar algo, cariño? – le pregunté.</p>
<p>-         Una cola, gracias.</p>
<p>-         Siéntate en el sofá, ahora te la traigo.</p>
<p>Hablamos muy poco. Era hombre taciturno, de pocas palabras y ojos deslumbrantes. Me comía con la mirada, y no se atrevía a empezar a poseerme. Le hablé con suavidad, y con voz muy femenina, para que se relajara.</p>
<p>-         No sé tu nombre todavía – le indiqué.</p>
<p>-         Julián.</p>
<p>-         Yo me llamo Azahar &#8211; le dije.</p>
<p>Adiviné que era un hombre de acción y pocas palabras, así que sin más dilación, deslicé mi mano por su vientre y le apreté el bulto. La tenía dura y gruesa. Me puse caliente al instante. Sin decirle nada, me arrodillé en el suelo y mirándole a los ojos, le bajé la cremallera y los calzoncillos. Asomó su glande, rojo y robusto, y me lo metí en la boca. Me llené al sentir su sabor. Jugué con mi lengua y le bajé los pantalones hasta los tobillos. Él se espatarró en el sofá, relajado, saboreando mi juego. Le lamí los huevos, los muslos, el vientre peludo, su polla de arriba abajo y de abajo a arriba. Julián me acariciaba la cabeza suavemente, sin decir nada, satisfecho. Los nervios y las dudas habían desaparecido. Tenía a una hembra entre sus piernas que se la chupaba como ninguna.</p>
<p>Le quité los zapatos y me desprendí de sus pantalones y sus calzoncillos. Sus piernas robustas y firmes, llenas de vello, quedaron a la vista. Me puse una por encima de mi hombro, sin dejar de juguetear con su polla y entonces, como por descuido, le pasé mi lengua por su culito. Se estremeció. Pasé otra vez, empezando por su agujerito, cruzando sus huevos, ascendiendo por su verga y llegando hasta su glande. Lo hice de nuevo. Por sus gemidos supe que nunca se lo habían hecho. Me demoré en el agujero de su culo, peludo, caliente y suave. Mi hombre gimió. Le encantaba. Me revolvía el pelo, me estrechaba los hombros, se agitaba en el sofá.</p>
<p>Loco de excitación se agarró la polla y empezó a masturbarse ferozmente. Yo le lamía su raja, demorándome en su agujero, cada vez más fuerte. Empezó a jadear con intensidad y le metí la puntita de mi lengua, y entonces, entre gritos ahogados, salió un largo chorro de leche de su verga, y después otro y otro.</p>
<p>Todo su semen quedó esparcido por su vientre. No dudé un momento en pasar la lengua por su barriguita. Me tragué toda su leche mientras Julián recobraba la respiración. Sus pelos quedaron húmedos y apelmazados, pero no se veía una sola perla de leche marfil.</p>
<p>No le dije nada. Cualquier palabra es incómoda para un hombre después de correrse. Me levanté y contorneando mucho mi culo, me fui al baño. Me saqué los pelos de la boca, me metí lubricante en el agujerito y alrededores y luego volví con un poco de papel de baño y acabé de limpiarle el vientre. Julián me miraba sin decirme nada. Intuí que un dejo de arrepentimiento le pujaba del alma. Después del orgasmo, todo se ve con más claridad, y para no estropear la magia, sin mediar palabra, empecé a bailar para él. Movía mis caderas y mi culo y me acaricia el vientre y el pecho. Aprovechaba el baile para subirme la minifalda y mostrar las ligas e insinuar mi culito respingón, blanquito y lampiño. Le acaricié un par de veces su polla flácida y sus testículos. Julián me miraba, muy quieto. Sus ojos parecían disfrutar otra vez. No podía creer que bajo ese vestidito negro se escondiera una pollita. Procuraba que olvidara ese detalle con mis movimientos y mis curvas. Cada vez lo amaba más. Era mi hombre y quería que me quisiera por lo que era.</p>
<p>Cuando vi el primer latido en su polla, empecé a deslizar mi vestido. Me quedé con el corpiño, las ligas y las bragas. Julián se asentó, sonriendo. Le devolví la sonrisa sin dejar de contornearme. Me acerqué a sus genitales y los besé. La polla latió de nuevo. Los tacones resonaban en el piso y mi cuerpo se curvaba y se excitaba. Me sentía muy puta y me encantaba. Me guardaba los genitales entre las piernas y bajo las bragas y procuraba que no me erectara demasiado, para que Julián no notara el bulto.</p>
<p>Me puse a cuatro patas y gateé hacia él, mirándolo a los ojos. Me metí su polla en mi boca y sentí como empezaba a crecer de nuevo. Le lamí los huevos y el escroto. Me levanté de nuevo y dejé que me chupara un dedo, después me mordió un hombro. Me alejé de nuevo y volví a bailar. Mi hombre se erectó nuevamente. Su polla latía al ritmo de mi baile. Me acerqué de espaldas, me agaché y dejé que la polla acariciara mi culo con bragas. Me moví y me apreté a él. Me besó un hombro y yo le acaricié los huevos.</p>
<p>Me levanté, me di la vuelta y bailé de nuevo. Me sentía una reina, una princesa muy puta, me sentí su mujer preferida, me sentí el mejor polvo de su vida. Me acaricié los muslos y el culo con su polla. Me removí y restregué encima suyo y Julián me empezó a acariciar la espalda, el culo, el vientre. Me ponía a mil por hora. Me sentía pequeña y agradablemente vulnerable en los brazos de mi hombretón.</p>
<p>Me levanté, le cogí de una mano y tiré de él para que se levantara. Le di un besito en la mejilla mientras le alargué un preservativo con malicia, después me arrodillé encima del sofá y poniendo el culo en pompa, me aparté un poquito las bragas para dejar ver mi agujerito lascivo.</p>
<p>-         Metemela, cariño – dije.</p>
<p>No dudó un momento. Se puso el condón y me la endiñó lentamente, sintiendo cada centímetro, cada pulgada, cada superficie de piel. No me dolió, simplemente, sentí un gran placer. Me agarró férreamente por la cintura y empezó a bombear, calmosamente y sin prisas. De vez en cuando me agarraba de las nalgas, clavándome las uñas.</p>
<p>Jadeé y gemí como una grandísima zorra. Mi Julián me estaba jodiendo y me sentía en el paraíso. Estiré el brazo por debajo de mi cuerpo para acariciarle los testículos y él, tremendamente excitado, aceleró los movimientos.</p>
<p>-         No te vengas así, cariño – le dije – Quiero verte los ojos.</p>
<p>Le saqué la polla suavemente, se la besé y me levanté para estirarme panza arriba sobre la mesa. Abrí bien las piernas y me metí dentro de las bragas un cojoncito malicioso que había salido de ellas. Gracias al grosor de la polla de Julián, no me había erectado al penetrarme y podía disimular mi bulto. Estaba caliente como nunca.</p>
<p>-         Tómame – le dije.</p>
<p>Se acercó con resolución, lleno de placer y excitación, con el miembro izado y cubierto por los pliegues del condón, se acercó y, para mi sorpresa, hundió su cara en mi culo. Me lamió la raja bestialmente y mi agujerito latía de gusto. Me metió la lengua con ferocidad y me folló con ella. Era maravilloso, fascinante. Era la mejor follada de mi vida. Nunca hubiera pensado eso de mi hombre. Me apretaba las nalgas con sus enormes manos y me comía el culo. Mi polla latió y se erectó saliéndose de las bragas. Era imposible disimular el bulto y me preocupé un poco, pero Julián parecía concentrado en mi culo que lamía arriba y abajo, demorándose en mi lindo agujerito y soslayando mis genitales.</p>
<p>Repentinamente se levantó y me penetró con fuerza. Sentí su polla enorme de sopetón y lancé un grito de placer. Empezó a bombear brutalmente. La mesa se tambaleaba y chirriaba. Ávida de gusto y loca de amor, me agarré la polla y empecé a pajearme. Sabía que no era conveniente hacerlo, pero no pude evitarlo. Lo miré a los ojos y al momento estallé y mi semen se desparramó por mi vientre. Julián, ajeno a mi corrida de macho, me endiñaba su polla sin compasión, hasta que en un instante la sacó, se desprendió del condón y se corrió encima de su putita, regándola con su delicioso néctar.</p>
<p>Quedé vacía, complacida y cerca de la nada. Había sido tanto el gusto que me quedé quieta, con las braguitas apartadas y mostrando mis genitales flácidos. Fue entonces cuando Julián despertó y me vio como no quería verme. Al momento me cubrí pero fue demasiado tarde, algo había cambiado en su semblante.</p>
<p>Me miró un momento con rabia y después se giró para recoger sus pantalones.</p>
<p>-         Si quieres puedes ducharte, mi amor – le dije.</p>
<p>-         No hace falta – espetó él.</p>
<p>Se vistió y sin despedirse ni dirigirme una sola mirada, se largó, dejándome desesperada de amor y de placer.</p>
<p>Creí que lo había perdido. A los dos días, al coincidir en la sala de máquinas, no nos dirigimos la palabra y Julián me evitó. Pero una vez en el vestidor, al comprobar que nadie lo podía ver, me hizo señas para follar de nuevo en la ducha. Me negué, como zorra altiva. Prefería ser un sueño latente que una realidad mediocre, y me largué lo más rápido posible. Julián corrió tras de mí y ya en la calle me atrapó.</p>
<p>-         Quiero verte otra vez – dijo sin súplica.</p>
<p>-         Pensé que no te había gustado.</p>
<p>Bajó la mirada, conmovido y avergonzado.</p>
<p>-         Sí me gustó – confesó.</p>
<p>-         Si quieres esta tarde volveré a ser tu amante – dije como enfadada &#8211; Vente a las seis.</p>
<p>Me marché, contoneando el culo para que mi hombre soñara en él las próximas horas. Por dentro estaba eufórica y excitadísima. Mi Julián quería repetir. Era algo fabuloso.</p>
<p>Lo recibí con mi peluca de cabellera rubia, con bragas de encaje negras, sostenes negros, medias blancas hasta el muslo, minifalda escolar y camiseta fina y suave.</p>
<p>Quedó maravillado de nuevo. Lo dijo con sus ojos, por que su boca se tornó taciturna de nuevo. Se la chupé como la primera vez, en el sofá, sin embargo, en esta ocasión, Julián me indicaba con gestos como quería y me guiaba la cabeza. No parecía tan vergonzoso y tomaba el mando. Empezaba a ser mi macho de veras.</p>
<p>De repente, me retiró la cabeza y me hizo levantar. Con lentitud me desabrochó la camiseta para acariciarme el vientre y lo besó. Luego me bajó la falda y me besó los glúteos.</p>
<p>-         Eres maravillosa – se le escapó.</p>
<p>-         Gracias, mi amor – le dije.</p>
<p>-         Siéntate.</p>
<p>Me senté sobre su falda y sentí su erección en mi rajita. Me moví lentamente, sintiendo el férreo agarre de mi hombre. Me mordisqueó los hombros y me besó la nuca. Acariciaba mis tetas por encima de los sostenes, mi vientre y mis piernas. Lo sentía por todas partes y no paraba de moverme. No pude evitar erectarme y mi pollita asomó por un lado de las bragas.</p>
<p>-         Métetela – me ordenó.</p>
<p>Le coloqué el condón con la boca y me senté de nuevo encima de él, dándole la espalda y metiéndome su trabuco lentamente.</p>
<p>Me sentí llena y plena, y empecé a menearme mansamente mientras él me acariciaba sin parar. Mi pollita latía delante, ávida de una caricia, pero no me la toqué. Me amparaba a las recias piernas de Julián y movía mi culito sintiendo el gusto dentro de mí.</p>
<p>Julián se iba excitando. Le encantaba ese baile. Y entonces, de repente, me acarició los testículos por un instante. Sentí un estremecimiento que me recorrió la espalda. Gemí sonoramente y entonces, viendo que me encantaba aquello, envolvió mi pollita con su enorme mano y me la meneó. Casi me corrí  en aquel instante.</p>
<p>¡Mi hombre aceptaba cada rincón de su mujer!</p>
<p>Me moví más rápido, excitándolo, haciéndolo placer intenso, gusto abismal. No podía más. Me moría de gusto y entonces me levanté, me giré y caí encima de él. Le saqué el condón y agarrando las dos pollas, empecé a pajearnos a la vez, una polla junto la otra. Julián me mordía el cuello y yo estaba en las nubes. Pellizcaba su pezón y él me estrujaba el culo metiéndome uno de sus dedos por el ano. Jadeamos los dos con locura y al momento sentí su lechita caliente salir y salpicar mi vientre y caer sobre mi polla, que ávida de ese tremendo placer, estalló a la vez en un chorro cálido y abundante.</p>
<p>Nuestras pollas quedaron pringosas. No reímos y lo besé en los labios. Él correspondió con deseo, invadiendo mi boca con su lengua cálida, húmeda y sabrosa. Era nuestro primer beso y lo abracé como nunca he abrazado a nadie.</p>
<p>Lo llevé a la cama y le lamí entero. De la punta de los pies a los ojos, una y otra vez. Él reía distendido y risueño. Me demoré en su culo, lamiendo su agujero. Me encantaba su olor. Se erectó de nuevo y se la empecé a chupar, estirado a su lado.</p>
<p>Sin que nada le insinuara, me acarició los genitales y mi polla no tardó en responder.</p>
<p>-         ¿Puedo? – me preguntó.</p>
<p>-         Claro, mi amor. Mi clítoris es todo tuyo.</p>
<p>Se metió mi pollita en la boca y toqué el cielo. No era muy diestro, pero su calor bucal era suficiente para llegar al éxtasis. Nos perdimos en el sesenta y nueve y antes de corrernos me monté en él y me introduje su polla sin condón. Sentí su chorro dentro de mi culo, caliente y abundante, y yo me corrí fuera, sobre su vientre. Después de limpiarlo con mi lengua, me estiré a su lado, exhausta, y apoyé mi cabeza sobre su pecho.</p>
<p>-         Eres la mejor mujer que he conocido – confesó con voz queda.</p>
<p>Emocionada, agradecida y eufórica no pude ocultarlo por más tiempo.</p>
<p>-         Te quiero – le dije avergonzada.</p>
<p>Él me estrechó entre sus brazos y, cariñosamente, me besó en la frente.</p>
<p>Agradeceré vuestros comentarios en:</p>
<p>kafkax@hotmail.es</p>
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		<title>Y llego orlando&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 13:00:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de haber debutado con mi amigo (“por primera vez tuve sexo con un amigo”) y como les había prometido, aquí les cuento como siguieron mis encuentros y como llegué a hacerlo también con mi vecino que vivía enfrente de mi casa. Tal como les conté en mi relato anterior, con Daniel habíamos vencido los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de haber debutado con mi amigo (“por primera vez tuve sexo con un amigo”) y como les había prometido, aquí les cuento como siguieron mis encuentros y como llegué a hacerlo también con mi vecino que vivía enfrente de mi casa.</p>
<p>Tal como les conté en mi relato anterior, con Daniel habíamos vencido los temores y dudas de la primera vez y vivía esperando a que llegaran los días miércoles para tener nuestros encuentros sexuales. Debajo de la ropa normal de nene llevaba puesta mi tanguita, medias y sostén, al llegar a su casa, él me daba la ropa y zapatos de su madre, con lo que me terminaba de vestir y me maquillaba. A partir de ese momento ya era toda una niña muy caliente y dispuesta a disfrutar al máximo de sus caricias y besos… sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo a medida que me iba desvistiendo hasta quedar solo con la ropa interior, medias y sandalias… me sentaba en el borde de la cama y me dedicaba a besar, lamer y chupar esa hermosa verga… me enloquecía sentir como crecía y palpitaba dentro de mi boca… después de saborearla un rato me acostaba sobre la cama y le ofrecía la cola… Daniel me sacaba la tanguita, me ponía un poco de crema y poniendo la cabeza de su verga en mi esfínter presionaba lentamente hasta tenerla totalmente metida y comenzábamos un movimiento coordinado, él empujaba hacia delante y yo hacia atrás… cada vez mas rápido, metiendo y sacando, aumentando cada vez más el ritmo hasta sentir su esperma caliente inundando mi interior… para mi era una locura de placer… durante tres o cuatro horas nos dedicábamos a coger hasta quedar agotados y particularmente yo con la cola ardiendo pero satisfecha por completo…</p>
<p>Durante el resto de la semana, cuando estábamos incluso con otros amigos, Daniel, cada vez que tenía la oportunidad, disimuladamente me tocaba la cola… él sabia que me gustaba sentir sus caricias y que no iba a decir nada por temor a descubrirnos… era como estar jugando al límite del peligro…poco a poco nos fuimos haciendo más osados y lo repetíamos mas seguido sin darnos cuenta que Orlando, mi vecino de enfrente, había notado algo y estaba continuamente pendiente de todos los detalles…</p>
<p>Así fue que un día, después que el grupo de despidió y que cada uno iba para su casa, me dijo que lo espere así volvíamos juntos.</p>
<p>Mientras volvíamos caminando me dijo que tenía que cortar algunos racimos de uvas y que si lo ayudaba para hacerlo mas rápido me daba algunos para mi…</p>
<p>Entramos a su casa, fuimos al patio y mientras yo miraba el parral él trajo un banco largo, lo dejó en medio del patio, se paró a mi lado y me tocó la cola…</p>
<p>Yo: Que estás haciendo? Que te pasa?</p>
<p>Orlando: Porque te pones así?&#8230; Yo vi en más de una oportunidad que Daniel te tocaba y no decías nada…</p>
<p><span id="more-362"></span></p>
<p>Yo: Vos estás soñando o ves visiones…</p>
<p>Orlando: No sigas tratando de disimular, te repito que los vi varias veces… además hablé con Daniel y él no lo negó, al contrario, me pidió que no lo comente con nadie…</p>
<p>Esas palabras me dejaron helada, no supe que contestar… lo que con mi silencio estaba confirmando lo que me acababa de decir y nuevamente se acercó y volvió a poner su mano sobre mi cola, debido a mi inacción, de solo tocarme pasó a acariciarme llegando a querer meter su mano dentro de mi ropa… Me hice a un costado para que no continuara…</p>
<p>Yo: Estás loco… para un poco… mira si llega a aparecer alguien de tu familia…</p>
<p>Orlando: Quédate tranquilo… sabes que mi papá viene tarde del trabajo y mi mamá con mi hermana están en casa de mis abuelos… así que estamos solos… nadie nos va a ver y yo no voy a comentar esto con nadie…</p>
<p>Me quedé mirándolo sin saber que decir… él se aproximo hasta estar nuevamente a mi lado, bajo su pantalón y sacó su verga, tomo mi mano y la llevó hasta ella… bajé la mirada y noté que era un poco mas grande que la de Daniel…fue guiando el movimientos lo masturbase… soltó mi mano dejándome que yo continuase sola y yo seguí un rato sintiendo como se iba poniendo cada vez mas dura… Puso sus manos sobre mis hombros y fue empujándome hacia abajo hasta quedar su verga frente a mis ojos…</p>
<p>Orlando: Vamos no seas así… ya rompimos el hielo… vos sabes y yo también que te gusta… Dale, abrí la boca… quiero sentir como me la chupas un rato…</p>
<p>No supe como hacer para negarme… le pase la lengua varias veces como saboreando un dulce y luego lo fui metiendo en mi boca… comencé a chupar, él con sus manos sobre mi cabeza iba marcando el ritmo…cerré los ojos y me dejé llevar, ya no solo chupaba, también se lo besaba, lo succionaba… el ritmo era cada vez mas rápido y sentía que me llegaba hasta la garganta pero no la dejaba de mamar&#8230; llegaron sus palpitaciones y explotó … un chorro caliente y abundante de semen llenó mi boca produciéndome arcadas haciendo que tragara una parte y otra parte logré escupirla…</p>
<p>Orlando: Nunca pensé que lo ibas a hacer tan bien… me gustó muchísimo… ven, límpiate… así nos sentamos porque tengo algo que contarte…</p>
<p>Yo: gracias… y ahora de que se trata…</p>
<p>Orlando: En verdad y para ser sincero tengo que decirte que si bien yo vi un par de veces que Daniel te tocaba el culo… nunca hablé con él…</p>
<p>Yo: Pero vos me dijiste que lo habías hecho</p>
<p>Orlando: Si pero no fue cierto… cuando vi un par de veces que te tocaba y vos no dijiste nada, me di cuenta que algo pasaba y estuve unos días buscando la oportunidad de estar solos para comprobarlo y veo que no me equivoqué… Ahora hay que pensar en como va a continuar esto…</p>
<p>Yo: que estás queriendo decir…</p>
<p>Orlando: Es simple… quiero gozar con tu cola… Quiero cojerte…</p>
<p>Yo: Vos estás loco…</p>
<p>Orlando: Vamos… No me vas a decir que con Daniel no lo has hecho… después de la mamada que me distes, yo creo que sì… hablemos sinceramente o realmente voy a tener que preguntarle a él…??</p>
<p>Me quedé pensando un momento… estaba en una situación  en que no podía terminar de asimilar todo lo que había pasado y no podía pensar claramente&#8230;</p>
<p>Orlando: Entendiste lo que acabo de decirte&#8230; Contéstame.</p>
<p>Y de golpe se hizo la luz… no se como ni de donde fueron saliendo cada una de las palabras que le dije… solo supe que la que hablaba ahora era Claudia y ella quería sentirse una verdadera hembrita… quería sentir ese pedazo de carne llenándole las entrañas hasta hacerla explotar…</p>
<p>Yo: Todo puede ser… pero primero se tienen que dar algunas condiciones…</p>
<p>Orlando: Las que quieras… Cuales??</p>
<p>Yo: Primero, lo haremos únicamente en tu casa cuando sepamos que vamos a estar solos y seguros de que nadie nos va sorprender… Segundo, esto va a ser un secreto y nadie se debe llegar a enterar… De acuerdo hasta aquì??</p>
<p>Orlando: Totalmente de acuerdo</p>
<p>Yo: Todavía no he terminado. Tercero, cuando estemos juntos vas a llamar Claudia y por último, como tu hermana tiene casi mi misma contextura física, vas a tomar “prestado” de ella sin que se entere algunas prendas para que yo me pueda vestir de nena… una tanguita, sostén, medias de nylon, una pollerita, vi que tiene una mini de jean que creo que me va a quedar, una remerita o blusa y… Que número de zapatos usa ella???.</p>
<p>Orlando: Creo que 36 o 37</p>
<p>Yo: Puede ser que me vayan… y un par de zapatos de taco. Cuando tengas todo esto y sepas que vas a estar solo me avisas, yo vengo, me visto y si hay algo de maquillaje a mano me pinto los ojos y los labios… Todo esto solo para vos… Además quiero que me trates con delicadeza y que cuando me vayas a penetrar lo hagas despacio y con cuidado… Estamos de acuerdo</p>
<p>Orlando: Si los zapatos de mi hermana no te van, mi madre calza un poco mas y esos si te pueden calzar, además ella tiene unas botas que me gustaría ver como te quedan… Por el resto, estoy totalmente de acuerdo con vos… Y ya que estamos, como para conocernos mas íntimamente, déjame que te acaricie un rato la cola…</p>
<p>Lo miré a los ojos, me paré de espaldas a él y fui bajando mi pantalón hasta deja la cola totalmente descubierta…  El me fue acariciando despacio, suavemente, un dedo comenzó a jugar con mi ano haciendo que me excitara cada vez mas… Me doy cuenta que se está moviendo… sin dejar de tocarme, con la otra mano baja el cierre de su pantalón y saca su pene semi erecto para comenzar a masturbarse mientras me dice que tengo un culo hermoso y que no ve la hora de penetrarme…</p>
<p>No lo pensé dos veces… me arrodillé frente a esa hermosa barra de carne que me estaba haciendo perder la cabeza… la masturbe un poco saque mi lengua y lamí su glande, ya tenia liquido pre seminal, la metí todo lo que pude a mi boquita sintiendo como rápidamente iba creciendo y poniéndose dura, sin lugar a dudas era mas grande que la de Daniel… en ese momento pensé que me iba a doler cuando me penetre… pero no me importaba, la idea de tenerla toda adentro me ponía aun mas excitada… ya ninguno de los dos quería seguir esperando… </p>
<p>Me tomó de la mano y me llevó hasta la pieza de sus padres… haciéndome acostar, terminó de sacar mi ropa, tomo un pote de crema que había sobre la mesa de luz y se untó el pene y mi ano… abrió mis piernas y se ubico en medio… se inclinó y sentí su cabeza golpear la puerta de mis entrañas y comenzar a ejercer presión. Sentí como se iba abriendo paso en mi, como centímetro a centímetro esa barra de carne caliente me iba llenando por completo… el dolor era fuerte pero lo podía soportar, la excitación era mucho mas grande y sabia que, después que mi esfínter se dilatara y se acomodara a su invasor, iba a llegar el placer y el momento de gozar…</p>
<p>Y ya teniéndolo todo dentro de mí, inició un movimiento de sube y baja lento pero continuo,  salía y volvía a entrar… así estuvimos un rato hasta que el ritmo se fue haciendo cada vez mas frenético… gemíamos los dos al mismo tiempo estábamos al borde del éxtasis… yo me sentía en el paraíso, veía luces y estrellas y pedía más y más… y con ese último empujón profundo y potente, un fuerte gemido sale de su boca y se descarga por completo en mi interior… una… dos…tres veces lo siento palpitar y con cada una un chorro de esperma caliente baña mi interior… y junto con él y sin tocarme siento que yo también estoy acabando…</p>
<p>Apoyó todo su cuerpo sobre mi y permanecimos un momento en esa posición… estábamos agitados, rendidos de placer… poco a poco fue perdiendo rigidez hasta que la saco… se recostó a mi lado y continuó acariciando mi cola…</p>
<p>Orlando: Que rico que estuvo todo esto… tienes una cola liadísima, redondita, bien paradita, casi mejor que una mina… ya te estoy imaginando vestidita de nena toda para mi… espero que sea pronto…</p>
<p>Nos quedamos un momento más recostados recuperándonos del momento vivido… luego nos levantamos, fui al baño para higienizarme un poco y vestirme… cuando salí él ya se había acomodado sus ropas&#8230; me acompañó hasta la puerta y nos despedimos esperando pronto volver a tener una tarde libre.</p>
<p>Entré a mi casa caminando despacio, sentía la cola ardiente, no era un dolor fuerte pero si me incomodaba para caminar… En mi cabeza daban vuelta las imágenes de lo vivido en estos últimos meses, el primero fue Daniel y ahora se sumaba Orlando… iba a tener que acomodar mis cosas si se mantenía esta situación… tenía dos vergas a mi disposición para poder gozar como una perrita… y un ultimo pensamiento fue tomando forma en mi mente: Podría en alguna oportunidad tenerlos a los dos juntos????</p>
<p>Pasaron algunos días, ya no tenía ninguna molestia… el miércoles Daniel no pudo quedar libre para nuestros encuentros y las hormonas nuevamente empezaron a trabajar, el deseo de disfrutar sus caricias, de verme vestida y de sentir su herramienta dentro de mi era cada vez mas fuerte…</p>
<p>El día jueves por la tarde me cruzo con Orlando y me dice que mañana viernes su madre iba a estar en la casa de su abuela y que su papa la pasaría a buscar a la nochecita después del trabajo y que su hermana se iba a la casa de una compañera por lo que no volvería hasta el otro día por lo que podríamos estar solos durante toda la tarde…</p>
<p>Yo: Recuerdas las condiciones que habíamos hablado… pudiste conseguir la ropa???</p>
<p>Orlando: No vas a tener problema, entras al dormitorio de mi hermana y elegí vos lo que te gustaría ponerte, si los zapatos no te van, te probas los de mi mamá y lo que hay de maquillaje está en el baño… te parece bien??</p>
<p>Yo: Me parece perfecto… no veo la hora que llegue mañana…</p>
<p>Orlando: A mi me pasa lo mismo… quiero verte totalmente hecha una nena… Te espero a eso de las dos de la tarde así tenemos mas tiempo… Hasta mañana…</p>
<p>Esa noche me di un buen baño y aproveché para rasurarme el poco bello que tenía y me fui a dormir…</p>
<p>Durante toda la mañana del viernes estuve pensando solo en la lujuriosa tarde que iba a pasar junto a Orlando… Después de almorzar algo, di vueltas por la casa mirando en el reloj lo lento que pasaban los minutos… faltaban unos minutos para la hora que habíamos acordado y no quería ir antes por temor a que no estuviera solo…  salí y me senté al lado de la puerta mirando hacia la casa de Orlando, y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, veo que él se asoma y me hace señas para que vaya, le aviso a mi madre que me iba con los chicos de la barra y cruzo la calle… él me deja entrar y ni bien cierra la puerta pone su mano en mi cola acariciándome y dirigiéndome al dormitorio de su hermana… entramos, abrió la puerta del placard y uno a uno los cajones, mostrándome lo que había en cada uno… diciéndome que eligiera lo que me guste, que frente al dormitorio está el baño y que allí iba a encontrar el maquillaje… y que ahora me dejaba sola para que me pruebe, escoja la ropa interior que quisiera usar y que me cambie tranquila.</p>
<p>Me acerqué a mirar la ropa interior… encontré tangas mas chicas y más atrevidas de la que yo tenía, también encontré los brasier haciendo juego con las tangas… me hubiese gustado probármelos todos, pero me decidí por un conjunto blanco… estaba como en las nubes… rápidamente me desvestí y lo primero que me puse fue la tanguita, me miré en el espejo y vi como mis nalgas de devoraban la tanga, me puse el brasier y algo de relleno… en el otro cajón estaban las medias de de nylon, negras, blancas y natural… y también vi que había un portaligas blanco y uno negro… opté por las medias de color natural y el portaligas blanco… la sensación al sentir las medias fue indescriptible… tardé un poquito para lograr ajustar los broches del portaligas  y que no se suelten… miré los zapatos y no dudé en un par de sandalias de taco no muy alto de color beige, aunque me quedaban algo ajustadas no tuve mayor dificultad para ponérmelas… me dediqué  a caminar un poco por el dormitorio para  acostumbrarme y ver si podía desplazarme, descubrí inmediatamente que me era fácil dominar los tacos sin inconvenientes, no aguanté la tentación  y me paré nuevamente ante el espejo…los tacones no sólo me daban algo mas de altura, también hacían más largas y estilizadas mis piernas, obligándome a mantener una posición erguida lo que hacía que mi cola  se levantase mucho más.</p>
<p>Abrí la otra puerta del placard y fui mirando las blusas, vestidos y polleras, nuevamente no sabía cual elegir… estaba viendo una pollerita corta escocesa gris con líneas verdes y rojas, tipo colegiala, cuando Orlando me dijo que estaba ansioso por verme, que no me demore mucho… No dudé más y me la puse, me queda ajustadita y llegaba apenas hasta el borde de las medias… para completar la vestimenta me puse una blusa blanca, abotoné los primeros botones y terminé haciendo un nudo con las puntas… estuve mirándome durante un par de minutos, me veía sexy, provocadora… con una sonrisa en los labios salí del cuarto y me dirigí al baño para maquillarme… me pinté los ojos con una sombra gris azulada, algo de rimel a las pestañas y finalmente el lápiz labial rojo y me cepillé el pelo para darle un toque más femenino… cuando contemplé mi obra, el espejo me devolvió la imagen de una colegiala bien putona a la espera de su hombre…</p>
<p>Salí del baño caminando lo mas femeninamente que pude fui en su búsqueda… el sonido de los tacos hizo que se diera vuelta para verme… caminé hacia él muy lentamente contoneándome cadenciosamente… su mirada recorría de arriba abajo toda mi figura… un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo… fue una sensación sumamente excitante, algo que no se puede explicar, me detuve frente a él y le pregunté si le gustaba lo que estaba viendo… su mirada clavada en mis ojos,  puso sus manos en mis caderas y las fue deslizando lentamente hasta llegar a mi rostro… tomándome suavemente arrimó sus labios a los míos y me dio un beso largo y profundo que me dejó casi sin aliento… cuando nos separamos, sin emitir una sola palabra comencé a tocar su miembro… me deslicé hasta quedar arrodillada, él me miraba y me dejaba hacer… bajé su pantalón y su ropa interior… su delicioso miembro quedó ante mis ojos… lo toque, lo envolví con mi mano y lo masturbe un poco… saque mi lengua y lamí su glande, él comenzó a dar pequeños gemidos… me agarré a sus muslos y apoyé la cabeza de su pene en mis labios… muy despacio fui metiéndomela en la boca … una y otra vez, moviendo la cabeza de atrás para adelante… cada vez con mas avidez… sabia que dentro de poco lo iba a tener entrando en la colita y esa idea me excitada aun mas.</p>
<p>Nuevamente la introduje bien profundo hasta casi tocar la garganta, la aprisionaba con los labios y la succionaba haciéndolo gemir de placer… me detuvo en señal de que estaba por venirse… tomándome por los hombros me hizo levantar, soltó la pollera dejándola caer y me llevo hasta la cama, me acosté boca abajo abriendo las piernas… lo que tanto había estado esperando durante toda la semana estaba por llegar…tomó por los lados la tanga y fue tirando hasta sacarla por completo, buscó el frasco de crema y se ubicó entre mis piernas, primero lubricó mi ano y luego su pene… tomó una almohada y doblándola al medio la puso bajo mi estomago, con esto mi cola quedaba levantada y lista para recibirlo… la punta de su herramienta tocó la entrada de mi ano, respiré profundo y trate de relajarme todo lo posible&#8230;</p>
<p>Comencé a sentir la presión de su glande y como, con mucho cuidado para no provocarme dolor, se iba introduciendo dentro de mi… despacio, lentamente, hasta que sentí su pubis pegado a mis nalgas… con todo el peso de su cuerpo sobre mi cuerpo  comenzó a lamer y darme mordiditas en el lóbulo de mi oreja… mi respiración se fue agitando… con ese trozo de carne sentía mis entrañas completamente llenas… estaba totalmente entregada…</p>
<p>El se quedó quieto por un momento esperando a que mi esfínter se acomodara a su invasor…</p>
<p>Poco a poco fui moviendo mi culito… endureciendo mis  músculos apretaba y soltaba diciéndole que estaba lista para gozar como su mujer…</p>
<p>Lentamente lo fue retirando, hasta casi sacarlo por completo para entrarlo nuevamente… ya no me pude contener y fui yo quien empezó a subir y bajar la cola tratando de acoplarme a sus movimientos…</p>
<p>Orlando: Así es como te gusta???&#8230;  </p>
<p>Yo: SSiiii… seguí… más rápido… dame más…</p>
<p> Colocó sus manos en mis caderas y me apretó para que yo no me moviese… la sacó totalmente para penetrarme varias veces solo con la cabecita y a continuación, con todo el peso de su cuerpo buscar una penetración profunda y continuó haciéndolo a ese ritmo por unos minutos… yo no daba más… estaba desesperada… mi excitación era tremenda, me retorcía, gemía, gritaba  y pedía mas al mismo tiempo…</p>
<p>Yo: Por favor detente un momento… sácamela…</p>
<p>Cuando así lo hizo, no le di tiempo a nada… lo empujé y me puse sobre él dispuesta a cabalgarlo…dándole la espalda, levanté la cola, tomé su pija con la mano y la acomodé en la entrada de mi culito y fui bajando hasta sentir sus huevos pegados a mi… me movía en círculos y empecé un sube y baja cada vez mas frenético… él gemía y bufaba… me tomó de las caderas y me llevó a cambiar nuevamente de posición… me puso en cuatro estilo perrita y volvió a entrar en mi, ahora los dos estábamos tremendamente excitados… el ritmo era mucho mas rápido y profundo… haciendo presión con su mano sobre mi espalda me llevo hasta quedar mi pecho apoyado sobre la cama… El mete y saca volvió a ser frenético, estábamos llegando al climax… yo gemía como loca y pedía mas y mas… lo sentí ponerse tenso… apretó con sus manos mis nalgas… me clavó su verga hasta lo más hondo de mis entrañas y sentí explotar su verga y dejando  su leche caliente dentro de mi cuerpo y exploté yo también…</p>
<p>Estábamos rendidos, exhaustos… me dolían las piernas y sentía arder y palpitar mi ano… nos quedamos recostados un momento buscando recuperarnos…</p>
<p>Orlando: Tienes un culo delicioso… nunca pensé que iba a disfrutar tanto y nunca pensè que ibas a ser tan putita…  </p>
<p>Yo: Siii… yo también disfruté mucho… me encanta tu verga y me encanta la forma en que me has cogido…</p>
<p>Orlando: Espero que volvamos a repetir…</p>
<p>Yo: Cada vez que podamos… además vi que tu hermana tiene otras prendas que me gustaría probarme… y volver a ser tu nena.</p>
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		<title>Una noche en la disco Hysteria(Vanessa y taxista)</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 12:23:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tercera parte. -Doble penetración&#8230;suena delicioso-Vanessa iba sumida en sus pensamientos en el asiento trasero del taxi. La erección de su pene le molestaba un poco. Cada que el auto pasaba alguna irregularidad del asfalto la vibración provocaba en ella más excitación. -¿Le ocurre algo Señorita?-Cuestionó el conductor del taxi mirándola por el espejo retrovisor. Vanessa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tercera parte.</p>
<p>-Doble penetración&#8230;suena delicioso-Vanessa iba sumida en sus pensamientos en el asiento trasero del taxi. La erección de su pene le molestaba un poco. Cada que el auto pasaba alguna irregularidad del asfalto la vibración provocaba en ella más excitación.</p>
<p>-¿Le ocurre algo Señorita?-Cuestionó el conductor del taxi mirándola por el espejo retrovisor.</p>
<p>Vanessa se sobresaltó y se apresuró a responder.</p>
<p>-Eh, no, no, gracias&#8230;mmm, bueno, es que quiero llegar cuanto antes al hotel, no sea que mi amiga llega antes que yo, no quiero echar a perder sus planes-Remató con un guiño de ojos.</p>
<p>-Ah sí, su amiga. Por cierto, las dos son muy lindas, sé que no son mujeres pero así como se han arreglado y como se comportan lo parecen al 100%-Dijo el conductor devolviéndole el guiño.</p>
<p>-¡Ay, muchas gracias, eres muy lindo!-Respondió Vanessa en tono más que sugestivo. El conductor no paso por alto el tono de la respuesta y continuó conversando con ella de manera más desenvuelta.</p>
<p>Vanessa solicitó la llave de la habitación a la chica que atendia en esos momentos la administración del hotel. Oscar, era el nombre del conductor del taxi, la esperaba cerca de los ascensores.</p>
<p>Vanessa recibió las llaves y se apresuró a llegar hasta Oscar que la devoraba con la mirada mientras ella se acercaba. Después que las puertas del ascensor se cerraron él se abalanzó sorpresivamente hacia ella y la abrazó con fuerza buscando sus labios para besarla. Ella se dejo aprisionar por el abrazo, sus cuerpos quedaron muy pegados y ambos sintieron sus virilidades. Ella ladeo su cabeza y permitió un beso que se prolongó hasta que las puertas del ascensor se abrieron. Se adentraron en el pasillo y caminaron abrazados. Antes de que llegaran a la habitación correspondiente, se abrió la puerta de otra de ellas y entonces apareció el chico al cual Valeria y ella misma habían coqueteado deliberadamente. Vanessa se encontró con la mirada de éste y nuevamente volvió a sonreírle y guiñarle el ojo sin meditarlo. Oscar se percató de dicha acción y le preguntó a Vanessa si conocía al chico.</p>
<p>-No, no tengo el gusto-Su voz se escuchó fuerte y clara terminando en una sonrisa.</p>
<p>El otro chico se apresuró a salir de la habitación cerrando tras de sí con la llave en sus manos.</p>
<p>-El gusto es mío Señorita-Dijo dirigiéndose a ellos y extendiendo su mano.-Me llamo Alberto. Voy a salir a comprar unas cosas, pero me encuentro con ustedes. ¿Se van a descansar?-Dijo mirando con mucho interés a Vanessa. No disimulaba el agrado que sentía por ella.</p>
<p>-Eso depende de ambos-La voz de Vanessa se escuchaba emocionada al tiempo que pegaba sus nalgas al cuerpo de Oscar.</p>
<p>-¡Caray reinita!¡¿Te gustaría estar con los dos a la vez?-Preguntó Oscar tomando a Vanessa por las caderas y empujando su virilidad en su trasero.</p>
<p>-¡Cláro!Si el también quiere-Respondió melosamente.</p>
<p>Oscar y Alberto se encontraban completamente desnudos y juntos&#8230;<span id="more-360"></span> sobre la cama, estaban boca arriba recostados cada uno en una almohada y miraban una película de uno de los canales de adultos. Vanessa se turnaba mamando las vergas de ambos. En ese momento estaba con Alberto y se notaba el deleite de tener ese miembro dentro de la boca. La mamaba con fuerza provocando en él unos gemidos placenteros. Con su brazo estirado tenía tomado el pene de Oscar y lo masajeaba suavemente. Sus dedos se detenían en la punta y presionaban la cabecita, provocando igual gemidos y estremecimientos en él.</p>
<p>Ella no se había despojado de toda su ropa, solamente el pantalón que llevaba estaba sobre uno de los sillones de la habitación.</p>
<p>Dejo de mamar el pene de Alberto y se dirigió al de Oscar. Este se apresuró a tomar la cabeza de Vanessa y comenzó a bombear su boca moviendo su cadera. Alberto se incorporó y fue a colocarse detrás de ella. La posición en que se encontraba invitaba a que su culo fuera atendido con delicia.</p>
<p>Albertó colocó ambas manos en las nalgas de Vanessa y las masajeó con fuerza. Acto seguido azotó una de ellas y de inmediato se inclinó a besarla. El solo contacto con la piel de Vanessa lo enardeció y se decidió a pasar su boca por todo su culo. Poco después se detuvo enmedio de las nalgas y hundió su rostro, con la lengua ubicó el ano y lo pico vigorosamente provocando un placer inmenso en ella.</p>
<p>Pasados unos minutos, Alberto se incorporó, miró el culo chorreante de saliva y se decidió a ensartarla. Se colocó detrás tomando su pene con una mano mientras que con la otra abria una de las nalgas. Ubicó el ano y colocó la punta del pene sobre él. Vanessa dejó de mamar el pene de Oscar y se volteó para mirar lo que el otro trataba de hacer. Se volvió nuevamente hacia Oscar y ella misma ayudó con una de sus manos abriendo su otra nalga. Alberto empujó su cuerpo y una parte de su pene se abrió paso dentro de ella. Vanessa gimió de dolor y le pidió que su siguiente movimiento fuera lento. El respetó la petición y se dedicó a sacar y meter el pene hasta donde había entrado la primera vez con la finalidad de que ella se acostumbrara al grosor del miembro.</p>
<p>Dejó nuevamente la punta del pene dentro de ella y soltó saliva sobre el mismo. Con uno de sus dedos la distribuyó en el resto del miembro y aferrándose a ella por las caderas empujó de nuevo sin detenerse. Vanessa gimió placenteramente el sentir como iba taladrando su culo. Oscar la tomó por la nuca y comenzó a bombear su boca vigorosamente.</p>
<p>Era una delicia mirar como Vanessa era poseida por dos tipos a la vez. Ambos disfrutaban escuchándola gemir de una forma incontrolable. Ella, que siempre se había sentido heterosexual ahora se daba cuenta de su bisexualidad y esto la hacia sentirse más plena aún.</p>
<p>Ni Oscar ni Alberto dejaban de penetrarla con fuerza, las manos de éste último estaban posadas en las caderas y su cuerpo chocaba de lleno en las nalgas de ella. Se escuchaba un golpe seco que indicaba que la estaba penetrando muy profundamente. Oscar la soltó y sacó su miembro de la boca de ella. Al sentir libre su boca dejó escapar infinidad de gemidos y halagos hacia Alberto.</p>
<p>-¡Papi, qué rico me posees!¡Rómpeme el culo Papi!¡Jamás había sentido esta experiencia!-</p>
<p>-¿En verdad Mamita?¿Jamás te habían dado por el culo tan rico y estrecho que tienes?-</p>
<p>-¡A ver puta!¡Levanta el rostro que voy a seguir dándote verga en la boca!-Terció Oscar.</p>
<p>En cuanto Vanessa obedeció la orden Oscar metio todo su pene hasta que sus testículos tocaron su barbilla. Ella sentía que se ahogaba al tener todo el miembro adentro, como podía pasaba su lengua debajo del tronco. Era un juego perverso que estaba disfrutando como nunca.</p>
<p>Alberto se detuvo y permaneció dentro de ella disfrutando los apretones que Vanessa le brindaba a su miembro. Oscar sacó el suyo de la boca de ella y comenzó a masturbarse. Una deliciosa pausa para los tres.</p>
<p>-¡Chicos, los estoy disfrutando mucho pero no tarda en llegar mi Amiga Valeria!. Tengo que dejarle libre la habitación-</p>
<p>-¿Así se llama tu Amiga?¿Es igual de putita que tu Mamita?-Preguntó Alberto.</p>
<p>-Apuesto que sí-Intervino Oscar-Cuando las llevaba a la Disco no paraba de coquetearme-</p>
<p>Vanessa sonrió y les dijo a ambos que yo era el doble de puta que ella.</p>
<p>Alberto se fue retirando poco a poco. Vanessa gemía dulcemente al sentir como su ano quedaba libre del intruso. Oscar puso el par de almohadas a la orilla de la cama y después ayudó a Vanessa acostándola boca arriba, sus nalgas quedaron encima de las almohadas. Alberto se colocó enmedio de sus piernas a la ayudó a elevarlas para finalmente acomodar las pantorrillas sobre sus hombros. Antes de penetrarla liberó el pene de Vanessa haciando a un lado la parte frontal de su tanga. Colocó el pene sobre el ano y empujo de nuevo haciendo que éste fuera desapareciendo poco a poco, mientras tanto acariciaba el pene flácido de ella.</p>
<p>Nuevamente la escena era exquisita. Alberto inclinado, con su pene hasta el fondo y masajeándo a su vez el miembro de ella. Dejó de hacer este movimiento, se incorporó y abrazó las piernas de Vanessa comenzando un vaivén. Oscar mientras tanto subió a la cama dando la espalda a Alberto, se acomodó sobre el pecho de ella y colocó su verga sobre los labios de ella, después hizo que este desapareciera completamente dentro de su boca.</p>
<p>Ambos sincronizaron sus movimientos, Alberto taladraba el culo y Oscar la boca de Vanessa la cual gemía con más fuerza aún. Ya no hubo más pausas. La cama sonaba como si se tratara de una máquina de lavado, el pubis de Alberto chocaba fuertemente contra sus nalgas y ella gemía como si le costara trabajo respirar. Los tres sudaban copiosamente.</p>
<p>Ambos no dieron tregua a Vanessa y se vaciaron dentro de ella al mismo tiempo. Ano y boca recibían una cantidad abundante de semen, parte resbalaba hacia sus nalgas y otra parte por la comisura de sus labios. Ninguno de los dos se retiró de ella hasta que sintieron que se habían vaciado por completo.</p>
<p>Pasados unos minutos Vanessa los apremió para que se apuraran ya que era necesario desocupar la habitación porque yo no tardaría en llegar con mis amigos Antonio y Eduardo.</p>
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		<title>El sueño de Brenda</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Mar 2012 12:10:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Disculpen la tardanza pero aqui está la continuación de mi relato. Sin darme tiempo de nada, mi nueva amiga Yessenia, detuvo un taxi y le indicó a donde ir, nuestro viaje duró apenas unos 20 minutos pero nos dio algo de tiempo para que ella me contara parte de su historia, que la verdad era [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Disculpen la tardanza pero aqui está la continuación de mi relato.</p>
<p>Sin darme tiempo de nada, mi nueva amiga Yessenia, detuvo un taxi y le indicó a donde ir, nuestro viaje duró apenas unos 20 minutos pero nos dio algo de tiempo para que ella me contara parte de su historia, que la verdad era la típica historia de la chica travesti que al ser descubierta es forzada a huir de casa y sin posibilidad de trabajo se ve forzada dedicarse a la prostitución para lograr sobrevivir.</p>
<p>Cuando llegamos al lugar, se trataba de un bar no tan oculto como yo esperaba, estaba en las orillas de la ciudad, una bandera de arcoiris sobresalía sobre el muro negro de la fachada, un tipo alto y algo mal encarado estaba en la entrada. Saludó a Yessenia con mucha familiriadad y me presentó con él, ambas entramos al local que estaba bastante concurrido, había personas de todas las edades, pero pude notar que éramos muy pocas las travestis en el lugar. Nos dieron una mesa en una esquina y al poco rato llegaron dos amigas de Yessi, Alexia y Karina, me presentó con ellas y comenzamos a charlar y a beber algunas margaritas, entonces se presentó en la mesa un hombre bastante apuesto, como de unos 35 años de edad, bastante alto y por su aspecto se veía de muy buena posición económica, me invitó a bailar, yo volteé a ver a las demás y Yessi me hizo señas que aceptara y fuera con él.</p>
<p>Me llevó al centro de la pista abriéndonos paso entre las parejas que se movían al ritmo de la música electrónica que hacía vibrar todo el establecimiento, apenas podía escuchar lo que me decía, así que debíamos acercarnos mucho para cruzar algunas palabras.</p>
<p>Me llamo Fernando ¿y tú?</p>
<p>Brenda</p>
<p>Lindo nombre, no te había visto por aquí</p>
<p>Es la primera vez que vengo (si supiera jijijiji)</p>
<p>Bailamos por mucho tiempo, nos sentamos algunas veces, volvimos a la pista seguimos bailando, en fin, me contó que era divorciado, tenía 36 años, tenía su propia empresa de hilaturas, en fin, en pocas horas supe casi por completo su vida y él la mía. No dejaba de alentarme a seguir adelante con mi deseo de ser mujer, hasta que por un momento me perdí en su manera de mirarme y él me besó, sentí su lengua dentro de mi boca, rozando la mía, la sensación era agradable, placentera, por dentro algo me decía que eso no estaba bien, que yo era un chico y estaba disfrutando como otro hombre me besaba, pero, pero acallé esa voz llegando a la conclusión acertada, no tenía nada de malo, después de todo yo era una mujer, me sentía mujer por dentro y ahora comenzaba a serlo por fuera, así que no tenía nada de malo que me besara un hombre, entonces respondí con más pasión aquel beso. Comenzamos a acariciarnos frenéticamente, hasta que me detuvo para invitarme a su casa, le dije que me gustaría conocerlo mejor antes de aceptar su invitación, esperé cualquier reacción y le hice señas a mis nuevas amigas para que me auxiliaran en caso de ser necesario, pero Fernando simplemente anotó en un papel su número de teléfono&#8230;<span id="more-357"></span> y me dijo que estaba de acuerdo, se despidió de mí y se fue.</p>
<p>Platiqué un rato con las otras chicas y les conté lo que había pasado y como me sentía, me advirtieron que no sería fácil la decisión que tomaba pero que bien valía la pena, bailamos juntas un rato hasta que vi el reloj, eran casi las seis de la mañana, apenas me despedí y salí corriendo, tomé un taxi y le pedí que me llevara a donde había dejado el coche, en el trayecto no dejaba de recriminarme por haber descuidado la hora. Cuando llegué al callejón ya había algunas personas en la calle, el temor me volvió a invadir, pero no tenía opción caminé lo más rápido que mis tacones me lo permitían, me subí al coche y me fui rumbo a casa.</p>
<p>Evité lo mejor que pude las calles concurridas, pero eso me generó otro atraso de varios minutos, cuando llegué al fin a casa, ya algunos vecinos barrían las banquetas, no tenía idea de cómo salir de esta, si me bajaba del coche seguro me verían, di unas vueltas más y cuando noté que los vecinos más cercanos ya no estaban fuera, detuve el auto, me cambié y nuevamente con el pants puesto corrí a casa.</p>
<p>Dentro de mi cuarto apenas pude conciliar el sueño, la experiencia que había tenido no dejaba de darme vueltas en la cabeza, no dejaba de pensar en Fernando, pero solamente algo me quedaba claro, quería ser toda una mujer.</p>
<p>Desde ese momento en cada oportunidad aprovechaba para practicar como caminar con tacones de una manera mucho más femenina y sexy, además de hacerme infinidad de pruebas de maquillaje. Muchas veces estuve a punto de llamar a Fernando pero no me atrevía, así pasaron casi 4 meses desde mi primera salida y comenzaba a dominar ciertos aspectos de mi vida femenina, sin darme cuenta, comenzaba a verme afeminado en mis ademanes y forma de caminar, pero para mi familia eso no pasó desapercibido.</p>
<p>Un día que regresaba de la escuela quise desviarme de camino para pasar a ver aunque fuera de reojo una tienda de lencería, me retrasaría cosa de 10 minutos así que no vi mayor problema en ir a ver las hermosas y delicadas prendas del aparador y soñar con usarlas mientras caminaba a casa. Iba pasando frente al aparador y no resistí detenerme por unos segundos a mirar un hermoso bustier con liguero, de encaje en color blanco y con aplicaciones de brillantitos en medio de las copas, las delicadas medias blancas con encaje de rosas en la parte superior me hipnotizaron brevemente, mientras comprendía que se trataba de una prenda nupcial, quise prometerme que algún día usaría algo así, en eso, una voz que no reconocí inmediatamente me sacó de mis pensamientos.</p>
<p>¿ves algo que te guste?</p>
<p>Volteé inmediatamente y sí, era Fernando, entre tartamudeos y nerviosismo apenas pude saludarlo, creía que como Brenda cambiaba lo suficiente como para que me reconociera, pero pues no era así.</p>
<p>¿quieres que vayamos a comer?</p>
<p>No, tengo que llegar a casa inmediatamente</p>
<p>Te llevo en mi auto</p>
<p>No, no gracias, mejor te llamo luego</p>
<p>Con el corazón latiendo a todo lo que daba corrí a casa como nunca lo había hecho, en parte por el temor a que vieran con Fernando, como si todo mundo supiera lo que pasó entre los dos y en parte por que me sentí avergonzada a que me viera y reconociera como chico. Pasé toda la tarde pensando si llamarle o no, no me decidía, finalmente cuando estaba anocheciendo le llamé, charlamos unos minutos y quedamos de vernos al siguiente sábado, iría a su casa para arreglarme y saldríamos al bar donde nos conocimos, estaba muy nerviosa y emocionada, no sé que me pasó, pero enseguida me preocupé por la ropa que debía usar, como maquillarme, en fin, mil cosas pasaron por mi cabeza con la única idea de lucir linda para él. Apenas era miércoles, tendría al menos dos días para comprar algo lindo para usar, así que al otro día me inventé un trabajo escolar para estadística y tenía que salir a realizar algunos muestreos de precios de ropa, así justificaría salir de casa durante varias horas y lo más importante cubrirme si alguien me veía en alguna tienda.</p>
<p>Revisé mi caja de ahorros, en realidad una simple caja de zapatos que guardaba oculta en el armario y que me gustaba llamar el fondo para los caprichos de Brenda, según mis cuentas podría comprar algo de ropita y quizá hasta unas lindas zapatillas.</p>
<p>Pasé toda la tarde recorriendo tiendas, buscando algo que me hiciera ver espectacular, además de que se ajustara a mi presupuesto, la verdad es que recorriendo las tiendas me sentí como toda una chica y entendí lo divertido que es, al fin encontré algo, un precioso vestido con manga tres cuartos y escote redondo, la parte superior fiucsa y  justo debajo el busto hacía la cintura y el vuelo de la falda en tonos rosados, amarillos y violetas, quedé prendada del vestido, estuve tentada a probármela en la tienda, pero no me atreví, pasé por una zapatería y compré unas zapatillas rosa pálido en punta y con cinta al tobillo, me sobraba un poco de dinero así que lo invertí en unas pantymedias color champagne, muy contenta con mis compras regresé a casa, oculté mis compras debajo de la escalera de la entrada para recogerlas cuando mis papás se quedaran dormidos.</p>
<p>Todo pasó sin contra tiempos, pero el día sábado todo se complicó cuando mi mamá anunció que iríamos a la casa de mi abuela por su cumpleaños, no tenía opción de quedarme o salir, inventé mil pretextos, pero a cada cosa que argüía, una negativa era la respuesta de mis papás, apenas pude hacerme de tiempo para llamar a Fernando y explicarle lo que pasó, pareció entenderlo, aunque jamás volvió a responderme una llamada.  </p>
<p>Algo decepcionada por la actitud de Fernando comencé a refugiarme en Internet, constantemente me conectaba a chats gay, conocí toda clase de chicos, hasta que llegó uno que era amable y caballeroso, el único problema era que una enorme distancia nos separaban, él vivía al norte del país, pero no dejábamos de comunicarnos constantemente vía mail o en el chat. Así pasó el tiempo y llegó mi cumpleaños número 18, el primero en felicitarme fue José, mi enamorado. Me sentí muy halagada con las cosas que me decía y mejor aún, acordamos vernos en la Ciudad de México en unos días para celebrar mi cumpleaños juntos.</p>
<p>Nuevamente me emocioné muchísimo con su visita, planeé todo, un viaje a la capital del país por mi cumpleaños no parecía extraño, así que obtuve el permiso de mis papás, armé una maleta con todo lo que iba a necesitar y otra más con la ropa de chico que no pensaba usar, el viaje sería de una semana, tiempo suficiente para poder ser Brenda libremente y vencer mis temores de una buena vez.</p>
<p>Al fin llegó el día, como iba de “fiesta” el hotel donde me iba a hospedar se ubicaba en la zona rosa de la Ciudad de México, que además es llamada por algunos la capital gay de México, llegué pasado apenas el medio día, el hotel recibía muchas chicas como yo, así que no tendría problemas para ser Brenda desde el primer momento de mi llegada, inclusive al momento de registrarme lo hice como Brenda, muy satisfecha me instalé en mi habitación, era un sueño hecho realidad acomodar toda mi ropa de chica en el closet, sin temor a críticas, rechazos o enfrentamientos. Me comencé a arreglar, José llegaría en un vuelo como a eso de las 7 de la noche, tenía algo de tiempo libre, decidí salir a reconocer la zona, me puse una blusita azul marino con estampado de mariposas, unos jeans y mis zapatillas negras, me maquillé, me puse además unos aros de clip y algunas pulseras, sin olvidar un bolso negro, respiré profundo y salí al lobby del hotel, nadie pareció notar mi presencia de un modo que me incomodara, así que más confiada salí a la calle, solamente me dediqué a vagar sin rumbo, reconocer la zona esperando que llegara José, eran las 7 en punto cuando sonó mi teléfono celular, José estaba saliendo del aeropuerto con rumbo al hotel, inmediatamente regresé a la habitación para esperarlo.</p>
<p>Apenas iba entrando al lobby del hotel cuando lo vi, de momento no me reconoció hasta que me acerque y lo saludé, me dijo un cumplido y en seguida me besó dulcemente en los labios, me tomó de la mano y fuimos a la habitación, yo esperaba que comenzara a besarme por todo el cuerpo, pero no, sacó de su maleta un par de cajas y me dijo que las abriera, que él iría al bar y que por favor le avisara cuando hubiera terminado de vestirme, luego salió del cuarto.</p>
<p>Con mucha curiosidad abrí las cajas, dentro había un hermoso corsé blanco, con tanga, liguero y medias a juego, comprendí que se trataba de todo un equipo nupcial, el resto de las cajas contenían unas zapatillas de raso blanco con tacón de aguja como de15 cm., un vestido tipo sirena color blanco con detalles de perlas y un velo de novia, feliz comencé a vestirme, cuidadosamente me arreglé, casi 2 horas después le marqué para que subiera, cuando me vio, me puso una argolla de matrimonio y me dijo:</p>
<p>De hoy en adelante vas a ser mi mujer, estamos recién casados amor</p>
<p>Me tomó con sus fuertes brazos por la cintura y me besó con una pasión, yo le correspondía, besaba mi cuello y mordisqueaba mis orejas mientras apretaba mis nalguitas, comenzó a quitarme el vestido mientras yo acariciaba su pecho velludo, acariciaba mis piernas, mis nalguitas, me besaba cada vez con más intensidad, lentamente desabrochó el corsé y hacía a un lado mi tanguita mientras mis manos comenzaban a buscar su pene dentro y fuera de su boxer, que ya estaba duro como una roca, interrumpí las caricias cuando sin contenerme y guiada por un instinto natural, comencé a chupar la punta del falo de mi “esposo”, mi lengua hacía círculos en su glande, lo besaba y disfrutaba del sabor salado de ese hermoso pedazo de carne, lentamente lo fui introduciendo en mi boca, desfrutando como se deslizaba y rozaba mi lengua, comencé a acelerar el ritmo, todo su pene entraba y salía de mi boca más rápido más duro, hasta que un líquido caliente se escurría desde mi boca hasta mi garganta, su sabor agridulce era embriagante, no podía ni quería parar, pero José me detuvo y me depositó suavemente sobre la cama, empezó a mordisquear mis pezones mientras hábilmente colocaba mis piernas sobre sus hombros dejando mi hoyito expuesto a sus embestidas. Sentí como primero acariciaba la piel alrededor de mi ano, para luego comenzar a penetrarlo suavemente, presionando para entrar, abriéndome la puerta a una sensación indescriptible, se sentía tan bien, tan placentero, comenzó despacio, yo comenzaba a gemir en voz baja, hasta que me envistió con fuerza y me entró todo su pene de un solo golpe, un dolor terrible me hizo encoger mi cuerpo, lo que él aprovechó para penetrarme nuevamente, con más fuerza, no alcancé a gritar, porque comencé a gemir como una loca, el dolor se fundió con un placer infinito, mis manos apretaban las sábanas mientras le suplicaba que no se detuviera, un explosión dentro de mí me llevó a un orgasmo increíble, sentí como todo mi sexo se cubría de algo viscoso y caliente, pero José no se detenía, aumentando mi sensibilidad y el placer que sentía, hasta que al fin, sentí como su leche hirviendo estaba dentro de mí, como recorría el interior de mi cuerpo acariciándome y feminizándome más y más, hasta que exhaustos y sudando terminamos en un verdadero estallido de pasión y sexo. Luego me quedé dormida entre sus brazos como si fuera en verdad mi noche de bodas.</p>
<p>A la mañana siguiente cuando me desperté me encontraba entre los brazos de mi amante, podía sentir mi colita vibrando de placer todavía, me sentí muy contenta, una sensación de ser mujer estremeció mi cuerpo por completo, en ese momento José se despertó, comenzó a besarme nuevamente y sin darme cuenta otra vez mi colita comenzó a dilatarse en espera de otra embestida de ese pedazo de carne, lo que pasó 2 veces más…</p>
<p>Ya un poco más recuperada salimos a comer, así pasamos el resto de mi viaje, cuando nos despedimos un dulce beso en mis labios marcó el camino que iba a seguir el resto de mi vida, luego cada quien regresó a casa, aunque la verdad debo decir el chico que salió de mi casa nunca regresó, fue Brenda quien volvió dispuesta a tomar su lugar en el mundo.</p>
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		<title>En el baño del garito&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Feb 2012 13:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo sentí. Sentí el bulto en mi culo. Y se me puso dura. Bailábamos la música pachanguera y petarda que nos hacía creer que estábamos en una verbena en agosto, pero no. La realidad se llamaba &#8220;garito de Chueca&#8221;, ni sé el nombre. No podría decir donde está pero sí como son los baños. Con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lo sentí. Sentí el bulto en mi culo. Y se me puso dura. </p>
<p>Bailábamos la música pachanguera y petarda que nos hacía creer que estábamos en una verbena en agosto, pero no. La realidad se llamaba &#8220;garito de Chueca&#8221;, ni sé el nombre. No podría decir donde está pero sí como son los baños. Con todo lujo de detalles.</p>
<p>Esa noche salí con César a cenar. Somos colegas desde hace años y quedamos de vez en cuando. Ahora coincide que estamos sin pareja los dos. Yo hace menos, por eso llevaba días insistiéndome en liarla para que se me olvidara el mal rollo.<br />
Cenamos más que bien y nos tomamos algo en un par de sitios. Vamos a Chueca, Iván. Te vas a reír, hazme caso. Pero, ¿a Chueca? es que no sé. Yo no estaba muy convencido porque nunca había estado en un bar que no fuera hetero claramente. Pero a las cuatro de la mañana no estaba yo para decidir, así que cuando me di cuenta entrábamos en un pub donde había de todo. Quiero decir parejas gays, lesbianas, y gente más o menos sola. También heteros, supongo. Si estábamos nosotros habría más&#8230;</p>
<p>César es muy cachondo, más atrevido que yo, en el sexo y en todo. Creo que es la persona que menos prejuicios tiene de las que conozco.<br />
A la segunda copa me vi en medio de la pista casi haciendo corro con la gente. Me hacía falta desconectar y puedo decir que estaba perdiendo los papeles&#8230;qué gusto.</p>
<p>Una chica muy guapa se puso en medio de los dos con los brazos arriba mientras meneaba las caderas. Rubia, de pelo largo. Llevaba un vestido negro no muy ajustado de tirantes anchos. Y medias, porque le brillaban los muslos y al rozarla una vez sin querer la noté muuuuuy suave. No pude evitar mirar los zapatos. Me ponen cachondísimo los zapatos. Uffffff&#8230;llevaba tacones negros, sandalias brillantes, de charol. No muy altos porque ya era alta.<br />
Y muy sexy. En un segundo nos imaginé a los tres follando. En cualquier otra ocasión me hubiera visto yo solo con ella, pero no sé porque en ese momento me excitó más algo que nunca había hecho: un trío&#8230; y qué mejor que con César, un amigo, y esa pedazo de tía.<br />
Fue un segundo, el tiempo justo para que se pusiera detrás cogiéndome por la cintura y se restregara. Y lo sentí y se me puso dura. Coño, ¡es un tío! pensé. Pero me balanceaba con ella y pensaba en ELLA. Joder, me estaba dando gusto. Mucho, demasiado. A ella también. Le notaba el bulto, apretado como si lo tuviera muy sujeto pero ahí estaba, como una piedra.<br />
A la vez las tetas se clavaban en mi espalda, y qué tetas. Claro, también como piedras.<br />
César se puso al lado, muy cerca y con el cubata en la mano derecha pude ver como su&#8230; <span id="more-355"></span> mano izquierda se iba detrás nuestro. Le estaba tocando el culo.</p>
<p>Por una vez en mi vida me dejé llevar. No me conocía nadie y quién sabe si aquello se iba a volver a repetir. Ya me rodeaba con sus brazos y me pasaba los dedos por los pezones, lo que faltaba. Eso ya me descontrola totalmente.<br />
Me reventaba la polla en el vaquero. Y a ella en el vestido. Cómo se apretaba. Nunca había notado nada parecido así por detrás. Y me gustaba. Mi amigo estaba encantado y se reía a carcajadas. Le hablaba al oído. Estaban tan cerca que podía oírlos. ¿Cómo te llamas, preciosa? Yo Violeta&#8230; ¿Y tu amigo? Él, Ivan y yo César, aunque veo que te interesa él más. Y se reía a voces el muy cabrón.</p>
<p>Estáis los dos muy buenos se relamió Violeta. Pues anda que tú soltó César y saco la lengua muy cerca de su boca, ella también la sacó y de repente las tenía jugando en mi oreja derecha, echándome el aliento en el cuello y poniéndome caliente como un mono. En ese momento me habría follado una mesa si hubiera sido posible.</p>
<p>No me dio tiempo porque noté que me meaba, me enderecé y como pude les dije que bajaba al baño. Al girarme oí a Violeta decir que si era la primera vez que íbamos a un sitio así y se reía mientras se mordía el labio&#8230; Joder, era muy guapa, qué raro era todo&#8230;</p>
<p>Ahora me tocaba bajar las escaleras. El baño era grande, había varias puertas, fui a la última. Entré. Me bajé los pantalones y meé. Me costó un poco pero otro gustazo para la noche.<br />
Me quedé alelado. ¡Ivaaaan! ¿dooonde estaaaaas? los escuché a los dos, muy claro, ya sin la música de fondo. Aquí, dije sin pensar en nada y con el pantalón desabrochado.<br />
¡Ábrenos! se reían&#8230;<br />
Abrí y me hice hacia atrás. Guau&#8230; volvió a relamerse Violeta. Y estiró la mano al paquete. Se pegó a mi casi cayéndose, frotando su polla con la mía. Se me empezaba a poner tiesa otra vez, claro. Me chupaba el cuello. Ay, eso no, el cuello no, por favor, pensé, si es que podía llamarse a esto pensar&#8230;<br />
La cogí por la cintura y me tropecé con las manos de César que estaba detrás de ella haciendo de la otra tapa del sandwich.</p>
<p>Madre mía, nunca había hecho nada parecido, si yo era muy convencional, y muy tranquilo y muy normalito y&#8230; y en eso se agachó, y en cuclillas nos sacó los rabos a la vez y mientras nos miraba se los metía en la boca. Parecía una película. Qué bien lo haces, nena, cómo te las comes&#8230; Oía pero era como si yo no estuviera. Estaba intentando no  perderme ni un detalle de la situación. Era lo más sexual que había hecho nunca. Tenía unas ganas de follármela y que se corriera&#8230;pero claro, no sabía muy bien cómo&#8230;joder, qué raro, qué raro&#8230;</p>
<p>Yo no hacía nada, no podía moverme. César la tocaba, se cogía la polla, le agarraba el pelo, se reía, jadeaba, me miraba&#8230; yo tenía la boca abierta y no podía cerrarla. Apoyado en la pared del váter con los vaqueros por las rodillas y disfrutando como un enano&#8230;<br />
Se subió apoyada en los azulejos de colores, se bajó el vestido por el escote y se sacó las tetas. Una para cada uno si me tocáis el pollón a la vez sonrió con los labios mojados de saliva y la pintura un poco corrida, apartándose el pelo hacia atrás.</p>
<p>Yo quería comerme la mía, así que acerqué la boca para mamar a la vez que mi mano se metía por debajo. Al subir la tela vi las medias terminarse en blonda a la altura del muslo y me costaba meter todo en la misma persona. ¿Cómo se podía ser tan femenina con esa verga? !Joder, si es que era una tía!<br />
Lo más increíble era que me estaba poniendo más, si era posible estar más en celo, tocar su rabo duro, notar como estaba excitándose. Y mientras, los dos mamando, comiéndole las tetazas. Era demasiado.</p>
<p>Llevó sus manos a nuestras pollas y empezó a pajearnos. Los tres dándonos gusto, respirando a trompicones. Creo que fue el único momento en que nadie se reía.<br />
Me venía y no pude evitar susurrar Me corro&#8230; con su pezón en la boca y babeando literalmente. Qué rico cariño, suspiró ella. Ahora nosotros y miró a César que soltó un gemido fuerte y le llenó la otra mano de leche mientras ella hacía lo mismo con las nuestras. Mira, mira, decía. Y era un espectáculo ver los tres rabos empalmados y bien sujetos soltando semen, poniendo todo perdido, chorreando el suelo&#8230;</p>
<p>En ese momento quise estar en casa, tirado en la cama. No podía reaccionar. Me miraban y se partían de la risa. Nos limpiamos como pudimos. Violeta dijo que para empezar no había estado mal. La próxima más y mejor&#8230;jajaja, yo no entendía nada pero sonreí. Estaba en shock. Subimos y nos despedimos. Nos dio un pico y mientras me guiñaba un ojo me dijo: Me alegra que te vayas más relajado&#8230; y a los dos, mmmm&#8230; gracias chicos&#8230;</p>
<p>Cogimos un taxi y aquí estoy a los días pensando y contándoos esto, que fue extraño pero que me ha hecho sentir que de vez en cuando perder el norte por completo puede ser muy revelador &#8230;eso sí, aguantar que tu amigo se descojone de ti todo el día ya no mola tanto&#8230; <img src='http://www.preciosastravestis.com/historias-travestis/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>                                                               @LaNoviaMenarca</p>
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		<title>Empezó por sexo y me enamoré</title>
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		<pubDate>Thu, 23 Feb 2012 16:54:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tendría unos 24 años por entonces. Iba con cierta frecuencia a casa de mi hermana a ver a mi sobrinito, que era todavía un bebé. Algunos días solía coincidir en la visita con Fran, que era amigo y compañero de trabajo de mi cuñado Alberto. Fran era un hombre de unos 44 años, es decir, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tendría unos 24 años por entonces. Iba con cierta frecuencia a casa de mi hermana a ver a mi sobrinito, que era todavía un bebé. Algunos días solía coincidir en la visita con Fran, que era amigo y compañero de trabajo de mi cuñado Alberto.</p>
<p>Fran era un hombre de unos 44 años, es decir, bastante mayor que yo, era separado y tenía 3 hijos, que vivían con su exmujer. Aunque nunca lo miré como candidato a novio, tanto por la edad como porque no sabía su opinión sobre las mujeres transexuales, teníamos muchas afinidades.</p>
<p>Observaba, cómo a veces me miraba a hurtadillas, pero nunca le di importancia, pues había muchos hombres que también lo hacían, tal vez por cierta curiosidad. Siempre nos saludábamos con un par de besos.</p>
<p>A mí siempre me gustaron los hombres maduros, tal vez porque se mostraban mas galantes, cariñosos… y en el sexo procuraban dejarme saciada.</p>
<p>Un día mi hermana me dijo que yo le gustaba a Fran, que él se lo había dicho en secreto a Alberto y este por último a ella. Aunque no le puse mucho interés, me gustó saber que él sentía algo por mí, aunque sólo fuera atracción sexual.</p>
<p>Un día que coincidimos visitando a mi sobrino, Fran se ofreció a llevarme en su coche de vuelta a casa, ya que era un día lluvioso y yo no tenía paraguas.</p>
<p>Al llegar a casa, aparcó en un hueco cercano y empezamos a despedirnos. Dándole las gracias, me acerqué a besarle en la cara. Pero Fran buscó mi boca con sus labios, quedándome al principio algo confundida, pero enseguida sentí el cosquilleo en mi estómago de sentir unos labios grandes y carnosos, que me impulsó a entregarme yo también a aquél beso interminable.</p>
<p>Fran, me puso la mano sobre mi muslo, acariciándolo por encima de mi media de lycra y abriéndose paso por debajo de mi falda, que se encontraba algo remangada hacia arriba. Entre sus labios y su lengua penetrando mi boca, mientras me hacía la caricia en mi entrepierna con su mano, llegó un momento que casi tengo un orgasmo. Pero fui yo la que metiendo mi mano en su bragueta, conseguí aferrarme con fuerza a su miembro erecto y duro, haciéndole una paja mientras él me besaba  con pasión.</p>
<p>Saqué mi mano manchada de su semen caliente y me lo llevé a los labios para saborearlo. Después él me besó, probando el sabor de su propia virilidad.</p>
<p>Quedamos al día siguiente con la intención de liberar nuestras pasiones al máximo. Los dos teníamos ganas de follar y la atracción era mutua.</p>
<p>Fuimos a su casa. Fran, vivía en un pisito pequeño, que sólo compartía con sus hijos el fin de semana que le tocaba estar con ellos. Tomamos una copa mientras me enseñó algunas fotos de cuando era más joven y estaba en el ejercito. Le dije que aún estaba bien fisicamente, que conservaba un cuerpo atlético y musculoso. Esto le hizo sentirse bien y me rodeó con los brazos haciéndome sentir una pluma contra su cuerpo.</p>
<p>- Tu si que tienes&#8230;<span id="more-353"></span> un cuerpo de escándalo preciosa, estás para comerte enterita.</p>
<p>Nos fuimos al dormitorio de Fran. Había una gran cama de matrimonio con un edredón azul que la embellecía. Empecé a desabrocharle la camisa mientras él me bajaba la cremallera del vestido. Terminé abrazada a su torso desnudo sólo con el sujetador y la braguita puesta. Luego me tumbé en la cama mientras él se quitaba el pantalón y el bóxer. Mientras le observaba desnudo notaba como mi excitación iba en aumento.</p>
<p>- Vaya rabo que tienes!! Gastas buen calibre!!!- le dije jocosamente a verle.</p>
<p>- Pues ahora la vas a tener para ti solita nena!!- me susurró al echarse sobre mí.</p>
<p>Me besó de nuevo en la boca, bajando por mi cuello mientras yo empezaba a gemir de placer. Al llegar a mis pechos me los succionaba como un poseso, mientras mis gemidos eran descontrolados. Me recorrió con su boca todo el cuerpo, sín dejar centímetro sin besar. Luego me coloqué encima de él recorriéndole desde la boca hasta los pies, para terminar en su miembro descomunal, que parecía un gran mástil en un buque. Lo chupé suavemente, intoduciéndome su cabeza y poco a poco llegar hasta la mitad. Me ayudé con la mano para cubrir toda su longitud. Mientras su la chupaba él me acariciaba el pelo y me dirigía el ritmo.</p>
<p>Sin poder aguantar más aquello, me coloqué a horcajadas sobre su miembro y después de echarle abundante lubricante en su cabeza, me apliqué yo en mi ano, que en ese momento estaba entreabierto esperando ser copulado. Me la metí toda entera, hasta que noté sus testículos blandos pegados contra las nalgas. Empecé a moverme arriba y abajo, inclinándome hacia atrás y botar encima, mientras él me daba cachetes sobre las nalgas. Fran tenía la cara desencajada y gemía al ritmo que yo le marcaba, mis pechos saltaban como dos pelotas botando. Después de follarle durante más de 15 minutos, noté que su cuerpo se tensaba y se iba a correr. Me apoyé sobre sus hombros y le cabalgué con ímpetu hasta que el orgasmo me hizo gritar y  él se corrió con bruscas sacudidas que me bañaron de semen mi interior.</p>
<p>Caí rendida sobre él, que me abrazó y sobó mis nalgas calientes. Dormitamos un buen rato, abrazados y sólo escuchando nuestro latido y nuestra respiración.</p>
<p>Poco después empecé a tener ganas de acariciarle. Me gustaba sentir su cuerpo viril, grande y fuerte. Mi mano acabó en su miembro, que en breve comenzó a mostrar su dureza y rigidez. Volvimos a acariciarnos y besarnos hasta que la excitación hizo que nos pusiéramos en posición de 69. Estando arrodillada sobre su cabeza, me lamía mi ano mientras yo le hacía una felación profunda. Noté como metía su lengua en el interior. No tardé en gemir y tener que sacarme de la boca su miembro para poder respirar.</p>
<p>Me puse a cuatro patas y él se aferró a mis caderas con fuerza, clavándomela hasta el fondo otra vez y sin mostrar delicadeza. Empezamos un ritmo conjunto que hizo que enseguida buscara apoyo en la almohada para ahogar mis gritos. Noté de nuevo como Fran se corría dentro de mí y yo tuve que morder con fuerza la almohada para soportar la descarga eléctrica que partiendo de mi ano se extendió a todo mi cuerpo.</p>
<p>Después de esta experiencia, Fran y yo salimos durante un tiempo. Nadie de mi familia ni de la suya lo supo. Únicamente mi hermana supo que me lo follé, pero no que llegó a ser mi novio.</p>
<p>Salimos durante unos seis meses, durante los cuales no me importó que a veces la gente nos mirara como una pareja desproporcionada por la edad. Por el contrario me sentía orgullosa de ir abrazada a un hombre maduro, me sentía segura y poderosa.</p>
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		<title>Después del concierto</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Feb 2012 13:36:56 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tener un novio rocker. Se había cumplido el sueño de mi vida. Y no solamente porque se trataba de un tipo atractivo, atlético sin exageraciones, amable y, por si fuera poco, un amante perfecto. También se había cumplido mi sueño de ir a conciertos de rock en vivo, vestida de mujer; pero protegida de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tener un novio rocker. Se había cumplido el sueño de mi vida. Y no solamente porque se trataba de un tipo atractivo, atlético sin exageraciones, amable y, por si fuera poco, un amante perfecto. También se había cumplido mi sueño de ir a conciertos de rock en vivo, vestida de mujer; pero protegida de la intolerancia y del abuso por un punketo, fuerte y varonil.</p>
<p>Por supuesto que, desde que nos contactamos en Internet, había quedado claro que, después de llevarme al concierto, yo podía ser suya. Cuando lo conocí de manera presencial, acepté gustosa. Las salidas a conciertos eran lo mejor de la semana: pasaba por mí a un hotel en el que me cambiaba. Después de un saludo apasionado con besos y caricias, nos íbamos al concierto en el que escuchaba rock en vivo mientras era besada y acariciada por mi novio. Cual fuera el tipo de concierto, él conseguía bebidas; aunque ahí no vendieran o estuvieran prohibidas. Los besos, el manoseo y el alcohol me dejaban lista para irme muy convencida y feliz con él a la cama, al salir del concierto. De ahí me llevaba al hotel, y después a su casa, para hacerme su mujer el resto de la noche. Cuando me quedaba en su casa, por la mañana le preparaba el desayuno; luego me cambiaba y me despedía. Aunque ya trajera ropa de hombre, él me seguía tratando como su chica y me despedía con un beso apasionado y un par de suaves pero firmes nalgadas, una en cada pompa.</p>
<p>Me llevaba a todo tipo de eventos de rock; desde conciertos en lugares con mesas y cena, hasta conciertos masivos y tocadas de rock urbano en bodegas y lotes baldíos. A estos últimos lugares jamás hubiera ido vestida; pero con él sentía segura. Una vez fuimos a una tocada punk al aire libre en la que se encontró a su banda; los amigos con los que, en su adolescencia, había formado un grupo de rock de regular éxito. Cuando me vieron junto a él, inmediatamente empezaron las bromas típicas: “preséntala”, “¿de dónde la sacaste que está re buena”, “que la role” y demás. Todos me saludaron de beso en la mejilla y algunos de ellos me abrazaron y, entre broma y no, me repegaron un abrazo más sexual que amistoso. Miré a mi novio y él miraba orgulloso de traer una vestida tan atractiva y burlándose un poco de mi nerviosismo.</p>
<p>Caminamos todos hasta una zona donde se podía observar bien al grupo, pero donde algunos adolescentes bailaban slam. Esto ya nos había pasado a él y a mí en ocasiones anteriores. Lo que él hacía en esos casos, era pararse atrás de mí, y abrazarme para protegerme de los empujones y de los manoseos anónimos. Pero como esta vez iba toda su pandilla, él me abrazo y sus amigos hicieron un semicírculo para protegernos a los dos. Lo malo&#8230; <span id="more-348"></span> &#8230; era que, tal pareciera que no eran muy fuertes; porque cuando los empujaban, se movían hacía adelante y uno de ellos quedaba justamente atrás de mí. Sentía claramente su cuerpo pegado al mío, su respiración detrás de mi cuello y su sexo pegado a mis caderas. Lo hacían tan rápido que cuando volteaba a ver quién era o a mi novio, su amigo ya se había despegado. El concierto siguió; y con él, el consumo de cerveza y de otras cosas.  Esto los hizo a ellos más atrevidos y a mí más receptiva. No solamente se pegaban a mí; ahora también me tocaban las piernas y las nalgas con gran descaro. Para agravar esto, yo llevaba un minivestido que me llagaba justamente a la mitad de las nalgas, con botas de 10 centímetros y un mallón brilloso que me dibujaba claramente los muslos y la cola. Volteaba a ver a mi novio y el sonreía, burlándose de lo que estaba pasando. Le pregunté que hasta dónde iban a llegar sus amigos y él me respondió que hasta donde yo quisiera.</p>
<p>Me sentía apenada porque algunas chicas se me quedaban viendo con cara de “mira esa puta”; y a la vez súper bien por estar siendo deseada por varios hombres y disfrutando de sus caricias. Además, pensaba para mis adentros, varias de esas criticonas seguramente sienten envidia; pues a mi agarran estos porque estoy más buena que ellas. A ellas nadie las pelaba.</p>
<p>-          ¿No te enojas? ¿No te encelas?</p>
<p>-          ¿Por qué habría de? Son mis amigos y tú eres libre.</p>
<p>-          ¿Y si uno de ellos llega más lejos?</p>
<p>-          Si tú estás de acuerdo, adelante. – Y regresó a ver al grupo que estaba tocando, mientras me daba un par de nalgadas muy firmes y regresaba su brazo a mi hombro.</p>
<p>Sus amigos siguieron haciendo de las suyas, pero ya pude identificar a cada uno cuando se me pegaban; así que cuando toco el turno al más guapo de ellos, el que había sido el cantante de su extinta banda, decididamente paré las nalgas para que él pudiera valorar lo duras que las tenía; y yo, sentir mejor su sexo excitado. Se sorprendió de pronto, pero rápidamente retomó el control: me manoseo con ambas manos las caderas y le cedió el lugar a otro de sus compañeros.</p>
<p>Así pasamos todo el concierto: ellos turnándose para tocarme y sentir mi culo; mi novio riéndose de lo que pasaba y agarrándome las nalgas de cuando en cuando para demostrar que él me había llevado, que yo era su mujer, y que le correspondían más derechos. Y yo sintiendo mujer al ser deseada por este grupo de hombres; y aprovechando cuando le tocaba al cantante para levantar la cola y sentir mejor su pene; porque vaya que era un muchacho atractivo.</p>
<p>Cuando acabó el concierto, sus amigos le propusieron a mi novio seguirla en su casa. Lo pellizqué y le miré como diciéndole que no; pero fue peor: consciente de mi nerviosismo aceptó y nos fuimos todos en su auto. Tres de ellos atrás; mi novio, yo y el cantante adelante; yo, en medio de los dos.</p>
<p>-          Oye, mira. Ya se te rompió el mallón. – me dijo el cantante tocando la rotura que se me había hecho durante el concierto y, con ello, la piel de mi pierna derecha.</p>
<p>-          Tiene razón. Llegando a la casa te lo quitas, amor – reforzó mi novio colocando firmemente su mano en la otra pierna. Así viaje a su casa, con la mano un hombre apenas conocido en una pierna; y la de mi novio en la otra. Incluso, cuando pasamos a una tienda de conveniencia a comprar cerveza, alcohol y comida, ellos no se bajaron del auto. Nos quedamos los tres en el auto. Aproveché para besar a mi novio, quien me abrazo y sentí su mano recorrer mis caderas; y también la del cantante que bajó al muslo y a la parte baja de mis nalgas. No protesté; primero porque mi novio se había dado cuenta y no decía nada; segundo, porque me sentía soñada, deseada y tocada de manera simultánea por dos hombres tan guapos; y porque me excitaban ambas cosas: que me manoseara el cantante y ser de dos hombres a la vez. Cuando regresaron los otros, me zafé rápidamente, pero muy tardé; se dieron claramente cuenta de cómo me estaban manoseando los dos amigos, y de cómo yo disfrutaba feliz sus caricias.</p>
<p>Llegando a la casa mi novio, él me recordó lo del mallón roto que, efectivamente, lucía muy mal. Me dijo que lo quitara en su recamara y le hice caso, pues se veía fatal. Dudé un poco en salir de la recámara, pues el minivestido no me cubría ni siquiera completamente las nalgas, y mucho menos las piernas que ahora estaban completamente descubiertas. El alcohol y la insistencia de mi novio y el escándalo de sus amigos me hicieron regresar a la sala, en la que ya estaban cómodamente sentados.</p>
<p>-          Como eres la única mujer, serás la mesera. Por cierto una mesera muy guapa.</p>
<p>-          Suena a machismo</p>
<p>-          Anda. Todo está en la cocina</p>
<p>-          Bueno, ¿qué les traigo?</p>
<p>-          Cerveza para todos y algo de botana</p>
<p>Me dirigí a la cocina con la certeza de ser observada descaradamente por todos. Preparé jamón con queso y serví cinco cervezas. Busqué una charola y como mi novio no tenía, improvisé una con un platón; mejor, pero tendría que dar varias vueltas. Cuando regresé con la primera tanda, me hicieron espacio y me agaché en la mesa de centro para poner el plato de comida y los dos primeros tarros de cerveza. El amigo que quedó atrás de mí no dudó en acariciarme las nalgas que habían quedado al descubierto. Me levanté de inmediato y todos rieron.</p>
<p>-          ¡La propina, la propina! – Voltee a mirarlo, pero otro de ellos aprovechó, el que ahora estaba detrás de mí, y me toco las piernas. &#8211; ¡Hay que ganarse la propina!</p>
<p>-          Es juego, amor; no te preocupes – dijo mi novio entre risas. Reí también, pues francamente, quizás por el alcohol y por lo ocurrido en el concierto y en el coche, me sentía muy mujer siendo deseada por cinco rocanroleros y sus caricias me producían un placer enorme.</p>
<p>Les serví tragos y botana toda la noche. El juego se repetía; cada vez que pasaba entre ellos, me manoseaban. Cada vez que lo hacían, yo me portaba más coqueta: parando las nalgas, contoneándome y sonriéndole al atrevido. Así hubieran seguido las cosas, todos alcoholizados y divertidos; yo también ebria y sintiéndome soñada por ser la mujer a la que todos manoseaban; sino es porque al final, uno de ellos se atrevió a hacerme cosquillas directamente en el ano. Reí, pero no aguanté más la excitación. Se dieron cuenta y se empezaron a levantar para restregarme su pelvis en la cadera. Vaya sensación la de percibir un pene erecto y otro diferente con diferencia de apenas unos segundos. No supe si era más la excitación o el miedo a lo desconocido, pero tomé a mi novio de la mano y me lo llevé a mi novio a la recámara para que me bajara la calentura de una forma que él sabía muy bien.</p>
<p>Si bien él había bebido, su organismo aún reaccionaba como yo necesitaba y, además, él sabía con precisión qué hacerme para llevarme al cielo. Me acarició con firmeza las nalgas, me beso y me mordió las piernas; lo mismo hizo con mis caderas y con mis pezones. Cuando me tuvo lista, sacó su pene de entre los pantalones para que le pusiera el riguroso condón. Saqué del buró uno y, apenas lo tuvo puesto, me metí su instrumento en la boca para calentarlo aún más. Pocas veces dejo que se venga en mi boca y menos cuando tengo ganas de que me penetré por el culo; así que cuando lo vi que estaba a punto de poner los ojos en blanco, me saqué su pene de la boca y volteé de espaldas para bailar, estampándole las nalgas en la cara. Rápidamente se quitó toda la ropa y me cargó para ponerme de espaldas a la orilla de la cama: con las piernas sujetadas por sus vigorosos brazos y mi culo levantado esperando su embestida. Para cobrarme el sacarme de la boca su pene cuando él estaba más excitado, acostumbraba ponerme la cabeza de su pene en el ano y luego retirarla; de tal manera, que yo me volvía loca y solamente hasta que le suplicaba a gritos que me hiciera suya, me la metía poco a poco, despacio y muy suavemente. Gritos que en esta ocasión  escucharon con claridad sus amigos en la sala. Primero, porque cuando estoy en esa situación, grito como loca; segundo, porque en el arrebato de calentura, ni mi novio ni yo habíamos asegurado la puerta de la recámara; y ésta se había abierto de par en par. La verdad, ni él ni yo nos detuvimos por esto; no iba a permitir que me la sacara para ir a cerrar la puerta; y no creo que él estuviera dispuesto a dejar de disfrutar mi culo un segundo. Seguramente también escucharon los gritos y gemidos que siguieron, pues la cogida que me dio mi novio fue magnífica. No pare de gritar y de gemir los muchos minutos que tuvo mi culo a sus servicio. En esa posición, su pene llegaba a tope y excitaba mi próstata todo el tiempo. El orgasmo definitivo me llegó cuando se pene se hinchó dentro de mí, para expulsar un cantidad extraordinaria de semen. Con todo y el condón, pude sentir cuanto se hinchaba y cuanto eyaculaba. El orgasmo anal fue divino.</p>
<p>Agotados por el orgasmo, por el concierto y por el alcohol, nos quedamos profundamente dormidos. Me desperté con el sol y con ganas de ir al baño. Salí de la recámara dejando dormido a mi novio y crucé la sala para llegar al cuarto de baño. Sus amigos dormían en los sillones, ebrios. Mientras estaba sentada en el baño recordé al cantante. De los amigos de mi novio, él era el que me había gustado más. Tenía yo una resaca muy suave; de esas que incrementan el deseo sexual. O quizás aún estaba un poco ebria, porque sin más, cuando estaba saliendo del baño, lo vi más atractivo, sentado en un sillón de la sala. Se despertó y me hizo la seña de que sentara junto a él, palmeado el sillón y coqueteando descaradamente conmigo. Le obedecí y de inmediato empezó a besarme y a tocarme todo lo que podía: piernas, nalgas, nada escapó de sus manos. Yo, feliz, me dejé. El tipo me gustaba y me acariciaba que era una delicia. Luego sacó su pene y le empecé a masturbar. Me agachó y se la chupé un poco. Como estaba bien caliente me levante y le di la espalda para que agarrará las nalgas. Él me besó la cola y me quitó fácilmente la tanga. De algún lado sacó un condón y yo tomé la mayonesa de la mesa de centro. Me la untó y me senté encima de él para irme metiendo su pene poco a poco; hasta que lo tuve todo adentro. Vaya que además de guapo, tenía la verga sumamente rica; del tamaño que ajustaba exactamente en mi recto. Cuando ya me podía subir y bajar sin problema sobre su miembro, me lo sacó y me puso contra el sillón; de píe, con las piernas abiertas, quedé inclinada, apoyada con las manos en el sofá. Entonces me la metió suavemente, para después darme una cogida que despertó a todos, pues el bramaba, y yo gritaba de placer. Me empujaba suavemente al principio y yo aguantaba el equilibrio sin mayor problema a pesar de mi ebriedad. Sin embargo, de pronto se calentó más y sus embestidas fueron más rápidas y fuertes. Tuve que hacer grandes esfuerzos para caer de frente en el sillón; endurecí las piernas y paré las nalgas para mantener el equilibrio. Esto nos llevó a un sexo más duro, pues él se excitaba y me daba más fuerte, mientras yo golpeaba su pelvis con mi cola. Para variar, grité y gemí como poseída, mientras él bramaba como si la vida se le fuera en esta cogida. El orgasmo me llegó con una energía imprevista y perdí el control de mi cadera, que empezó a vibrar rápidamente hacía todos lados. Cuando sentía que el equilibrio se me iba, su mente no aguantó más y se vino empujándome todo su pene hasta dentro de mí. Me tiró sobre el sofá y quedé ahí despatarrada, con las piernas aún abiertas, el pene del amigo de mi novio todavía adentro de mí culo y los otros cuatro mirando sumamente excitados nuestra escena; mi novio entre ellos.</p>
<p>-          ¿No les dije que mi novia era magnifica? ¿Qué opinas, Oscar?</p>
<p>-          Maravillosa</p>
<p>-          ¿Y yo qué? – Dijo uno de ellos. Voltee a mirarlo y noté como se acariciaba un enorme bulto que destacaba en su bragueta –. Si yo fui el que la calentó más ayer, cuando le hice cosquillas en el hoyito. Me merezco algo ¿no, mamita? Te hice reír y te prendí lo suficiente para que este cabrón de tu novio te gozara ayer hasta que bramaste. &#8211; Voltee a ver a mi novio quien me respondió con gestos de aprobación. que rayaban un poco con estar ordenando algo.  Miré al chico que no estaba nada mal y asentí con la cabeza. Además; lo malo de ser travesti, es que la excitación se nota</p>
<p>-          Nada más ponte un condón y no creas que porque tu amigo acaba de salir va a entrar fácil. Date tu tiempo que tengo el culo muy estrecho, ¿verdad?</p>
<p>-          ¡Sí! – respondieron al unísono y con lasciva, mi novio y el cantante</p>
<p>-          ¿De una vez? – Preguntó fascinado el atrevido que me había rascado el ano la noche anterior.</p>
<p>-          Sí, antes de que me arrepienta.</p>
<p>Volví a la posición en que me había cogido el cantante: apoyada en el sillón, agachada y con las piernas bien abiertas. Me cogió de una manera que no conocía. Por primera vez experimenté el hecho de que alguien me cogiera con el culo relajado; pues siempre que mi novio me le metía varias veces, tomaba sus descansos. Su pene entró suavemente y sin problema. También tuvo mayor libertad para moverla dentro de mí, hacía atrás y adelante, y hacía los lados. La cabeza de su pene estaba visitando todos los rincones de mi recto. Yo también me atreví a moverme más y, después de algunos minutos, a dejarme caer en el sillón sin soltar su verga de mi culo. Él trató de seguirme pero, quizás por lo dilatado del ano, se salió y me alcanzó acostada pero no me la pudo meter. Caliente, me levantó del coxis y, con mis piernas colgando, me la metió toda de un solo tiro. En otra ocasión, esto me hubiera podido causar un dolor enorme; pero ahora, recién cogida, me produjo un placer nuevo. Su pene se deslizó adentró de mí, abriendo suavemente las paredes de mi recto, hasta topar con fuerza con la próstata. El placer fue intenso y no lo pude, ni lo intenté disimular. Mi grito agudo debió haberse escuchado incluso en las casas aledañas. Sus amigos le aplaudieron como si fuera un torero que acabará de ejecutar una estocada magistral; bueno, eso acababa de hacer. El orgullo y la excitación lo hicieron perder el control y me dio una cantidad incontable de embestidas perfectas: me sacaba la mitad y después regresaba rápidamente a golpear mi próstata. Entré gemidos y gritos de placer, se me ocurrió cerrar poco a poco las piernas, aprisionando su espada entre mis nalgas. No pudo más y se vino empujándome todo el pene hasta llenarme  el recto. Mi punto G, la próstata, reaccionó como yo buscaba y mi orgasmo anal le sacudió la verga, trayéndonos un enorme placer a los dos.</p>
<p>Por supuesto que, una vez que terminé con él, los otros dos pidieron su parte y yo, excitada por el hecho de ser la mujer de varios hombres, los acepté; pero ahora sí pedí espacios de descanso para beber algo y descansar. Espectadores de las cogidas previas, sabían bien qué hacer conmigo para gozarme al máximo y hacerme terminar como loca. Con distintas variantes, aprovecharon mi calentura y mi recto dilatado para que su pene jugara a gusto dentro de mí; probaron posiciones que no habría podido ejecutar con mi estrecho culo; a menos que me arriesgara a un gran dolor y a rasgaduras. En cambio ahora, después de varias metidas, mi ano y mi recto estaban más elásticos para practicar las posturas casi pornográficas en que me pusieron los dos últimos chicos, ante la morbosa vista de mi novio y los demás músicos. Pero, sin falta, entendieron cómo causarme orgasmos anales y no descansaron hasta lograrlo. Eran unos chicos maravillosos, que no querían cogerme así nada más, sin que yo me viniera de esa manera tan femenina.</p>
<p>Al final, había sido cogida por los cinco y con todos ellos tuve orgasmos anales preciosos y todos ellos se vinieron con juvenil fuerza dentro de mí. Cansada y plena de orgasmos, fui con mi novio a la recámara para dormir el resto del día. No fue tan fácil; a él le había calentado mucho ver cómo me la metían sus amigos y, descansado por el sueño, no me mandó a dormir hasta después de haberme cogido una vez más.</p>
<p>-          Oye, amor, voy a aprovechar tu culito relajado para metértela de nuevo. – Claro que lo dejé hacerme lo que quisiera, se lo merecía por permitirme este nuevo y desconocido placer de no solamente ser la mujer de varios hombres; sino de disfrutar la entrada de un pene después de otro, la entrada de una verga desconocida hasta entonces en mi culo relajado.</p>
<p>Mientras, los demás seguían bebiendo en la sala; hablando de música, de futbol y de la rica vestida que, todos ellos, se acababan de coger.</p>
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		<title>La fiesta de Navidad</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 18:19:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sentado en el cómodo sillón del cuarto, frente a la televisión, el hombre trataba de aparentar tranquilidad… ¿para qué, si estaba solo? Calentaba un trago en la mano porque apenas le daba pequeños sorbos. Era un tipo maduro, de 45, piel morena clara y cabello lacio, castaño y oscuro, no demasiado largo, que llevaba a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sentado en el cómodo sillón del cuarto, frente a la televisión, el hombre trataba de aparentar tranquilidad… ¿para qué, si estaba solo? Calentaba un trago en la mano porque apenas le daba pequeños sorbos. Era un tipo maduro, de 45, piel morena clara y cabello lacio, castaño y oscuro, no demasiado largo, que llevaba a modo de melena. Medía más de 1.80 y era robusto, fuerte y macizo, aunque ya no marcaba como antes. Además era un oso imponente, macho peludo y viril de barba y bigote, muy espesos, que le conferían un aspecto serio y, a veces, hasta intimidante. No le huía a su edad, pues sus sienes y su barba ya mostraban canas incipientes que lo hacían aun más interesante. Y sus lentes de grueso armazón lo convertían en una rara mezcla entre nerd y motorista.</p>
<p>Estaba nervioso, muy nervioso, había sido invitado por su jefe a una fiesta muy especial… y era especial porque, si todo salía bien, se convertiría en una orgía digna de Calígula. Don Efraín era un millonario que se hizo a si mismo a base de trabajo duro y tesón. Salió de los rincones más apartados y miserables del campo para formar un imperio comercial que Roberto, economista de profesión, salvó de la bancarrota al evitar que las volátil economía internacional se llevaran el trabajo de toda la vida del bueno de Don Efraín. Y Don Efraín, hombre justo y generoso con sus amigos, depositó en nuestro héroe toda su confianza… y el culo también.</p>
<p>Don Efraín era un pervertido que no hacía distinciones de ningún tipo, le hacía a todo. En agradecimiento le dio el culo a Roberto y se lo sigue dando desde entonces… a él y a su ejército de amantes. Roberto todavía tiembla al recordar la primera vez  que se cogió a su patrón y el mundo de placer que se le abrió desde entonces. Ahora llevaba una doble vida, pues nadie podía enterarse por nada del mundo. ¡Ja, se estremecía de solo pensar lo que ocurriría si su círculo se llegara a enterar que el correcto Roberto, ejemplo de rectitud y ética, era en realidad un degenerado caliente! No, no podía permitirlo.</p>
<p>Esa noche era la fiesta de Navidad de Don Efraín y el hombre tiraría la casa por la ventana para agasajar a sus selectos invitados y amigos. Sería una fiesta de disfraces con motivo navideño, nadie podría entrar si no llegaba disfrazado y con antifaz, pues también se prohibía mostrar su verdadera identidad. Aquello se convertiría en un bacanal y era la primera vez que Roberto asistiría, y, para ello, había alquilado un traje de cascanueces para esa cita, con bonete y todo, incluido el antifaz, solo su poblada barba quedaría a la vista. Tuvo que inventar un viaje de trabajo para que su mujer e hijos no sospecharan nada.</p>
<p>Y para darle más tensión, su jefe&#8230;<br />
<span id="more-346"></span><br />
 le quería presentar a una hermosa “muchacha con la verga más grande que había visto jamás y a la que le encantaba ser sodomizada… y mejor con una buena verga y brusquedad”. Por enésima vez Roberto vio su reloj… ya era hora de arreglarse. Apagó la tele (ni se había enterado de qué programa tenía puesto) y se dirigió al baño de su suite…</p>
<p>.     .     .     .     .</p>
<p>–        ¡Pero Mandy, cuidado mujer, que todo se te está cayendo hoy!</p>
<p>–        ¡Perdón Christy, es que estoy muy nerviosa, es una fiesta, por Dios!</p>
<p>Mandy y Christy estaban vistiéndose en la casa de la segunda, la primera dijo en su casa que saldría a una fiesta y que luego se quedaría a dormir con su amigo de toda la vida, pero convenientemente olvidó mencionar que estarían totalmente solos. Para ella era un alivio poder librarse de la máscara que mostraba al mundo, pues sus padres, tan correctos y cuadriculados, jamás podrían entenderlo. Ella no era hombre… o por lo menos no debió nacer como tal. Era una mujer, hermosa y exuberante, femenina y delicada, tierna y cariñosa… y muy sensual y caliente.</p>
<p>Estaba nerviosa, muy nerviosa, ella y su amiga Christy habían sido invitadas a una fiesta muy especial… y era especial porque, si todo salía bien, se convertiría en una orgía diga de Calígula. La ofrecía Don Efraín, viejo millonario y pervertido que no hacía distinción alguna entre géneros. Originalmente conoció a Christy y la incluyó en de su extensa y selecta lista de amantes desde entonces… y Christy le presentó a Mandy, poseedora de un falo descomunalmente grueso y largo y un par de testículos redondos, pesados y repletos de semen. El viejo se dejó coger por ella y quedó con el culo abierto como una flor y más satisfecho de lo que había estado en mucho tiempo… obviamente la incluyó en su lista. Lástima que a Mandy le gustaba ser la pasiva, pero por lo menos con ese hombre podía ser ella y no él.</p>
<p>–        Ayudame con esto porfa… – le pidió Christy – ¿ las costuras están bien?</p>
<p>–        Están perfectas. – dijo Mandy, amarrándole y apretándole las cintas del corsé.</p>
<p>Christy iba disfrazada de duende, con un ceñido body verde semitransparente que mostraba la diminuta tanga que llevaba y un corsé rojo pasión, en la cabeza un gorro rojo. Mandy iba de “reno”, con una mini roja de mezclilla, medias oscuras de rejilla y una torerita, dejando su plano abdomen descubierto y el piercing de su ombligo. En la cabeza lucía una diadema con cuernos. Aparte, ambas féminas iban impecablemente maquilladas, con una base espesa y clara, colores llamativos en los ojos y los labios de rojo pasión. Christy llevaría un peluca rosa bajo el gorrito y Mandy llevaría su rubio cabello rizado suelto y planchado.</p>
<p>Mandy iba nerviosa porque, además, Don Efraín iba a presentarle a uno de sus mejores amantes, un hombre maduro y muy bien dotado que la haría ver las estrellas. No sabía nada más de él, pero quería darle una muy buena impresión y dejarlo con las bolas secas, así que pasó todo ese día con un plug anal metido en el culo para estar flojita y abierta y se depiló por completo… iba dispuesta a matar.</p>
<p>Por enésima vez Mandy y Christy vieron sus relojes… ya casi era hora. Se dirigieron al baño para evacuar sus intestinos por última vez, esa noche, si todo salía bien, estarían ocupados por las gruesas barras de carne de machos hambrientos y calientes…</p>
<p>.     .     .     .     .</p>
<p>Era una fiesta de locos, la gran mansión había sido especialmente acomodada para albergar a todos los invitados y  más que eso, parecía ser una lujosa disco. El anfitrión iba de Santa Clos (el Santa Clos más lujurioso del mundo) y le quedaba como anillo al dedo. Había elegido un Santa menos tradicional al clásico gordito en rojiblanco (propiedad de la Coca-Cola, por cierto) y eleigió una versión nórdica menos refinada, con un traje en colores verde musgo, verde azulado, ciruela y violeta, adornado con ramitas de muérdago y hojas de roble canadiense.</p>
<p>El hombre era un oso rollizo casi tan alto como Roberto, con una panza cervecera enorme que hacía juego con su enorme y hambriento culo. Sus ojos eran celestes, su piel blanca y su sonrisa simpática y encantadora. Se dejó crecer la barba y se la decoloró, lo mismo que su cabello. Y como siempre andaba con las mejillas coloradas, el look le quedaba perfecto.</p>
<p>Caminaba saludando a sus invitados, los reconocía sin problemas a pesar de estar disfrazados y enmascarados. “Obvio” se dijo Roberto, “los conoce bien… todos se lo han cogido”. Él andaba a su patrón como si fuese su guardaespaldas, vestido con su traje de militar del siglo 19. A Don Efraín le parecía comiquísimo y así lo presentaba… además opinaba que se veía increíblemente delicioso.</p>
<p>–        Ay Beto, con lo que a mi me gustan los hombre uniformados… ¡yo creo que ya ni te presento a Mandy y me encierro contigo para que me cojás rico, je, je, je! – Roberto enrojeció, a pesar de conocer de sobra a su jefe y de cogérselo a cada rato, todavía no se acostumbraba a todo eso.</p>
<p>Mientras tanto, en otro lado del gran salón de baile, una duendecilla y un reno muy sensual avanzaban impresionadas y despacio entre la multitud. No esperaban ver ese gentío caliente buscando guerra. En algún momento se sintieron fuera de lugar, la mayoría traía disfraces de primera alquilados para la ocasión, mientras que ellas llevaban ropa normal, bonita y bien combinada, pero ropa al fin y al cabo. Pero igual su atuendo logró su objetivo: levantar fuego con su descarada sensualidad, que gritaba a todo pulmón: queremos macho. Eran asediadas por hombres y mujeres por igual y ya empezaban a calentarse. Pero no podían irse con nadie, habían quedado con Don Efraín y no podían quedarle mal. Además, la noche era joven y había mucho que ver antes de elegir, y unas perras calientes como ellas solo se conformarían con la mejor verga de todas.</p>
<p>–        Mandy… preparate niña que por allá está Don Efraín… – ella pegó un salto cuando Christy se lo anunció al oído y los nervios se apoderaron de ella.</p>
<p>–        ¡Cómo! ¡¿De verdad?! ¡¿Dónde está… Beto está con él?… ¿cómo me miro?!</p>
<p>–        Tranquila mujer, que no te vean así o van a pensar que sos una mocosa inmadura… – el regaño de su amiga casi la hace reír, después de todo no estaban muy lejos de ser un par de “mocosas inmaduras”… tenían 19.</p>
<p>–        ¡Ay Christy… ¿y si no le gusto a Beto?! ¡Qué vergüenza con Don Efraín!</p>
<p>–        ¡Mandy, por favor… si no le gustás a ese hombre será porque le falla algo en la cabeza! Estás vestida para comerte completita amor… y con ese gran leño que te cuelga entre las piernas no veo cómo alguien pudiera rechazarte.</p>
<p>La tomó de la mano y se la llevó, cruzaron rápidamente la abarrotada pista tropezándose cada tanto, llevaban unos sexys, pero muy poco prácticos, zapatos: los suyos eran unas enormes plataformas, los de Mandy tenían un fino y altísimo tacón. Sabían cómo irían disfrazados ellos, así que cuando vieron al pintoresco Santa Clos acompañado del enorme cascanueces supieron que eran ellos.</p>
<p>–        ¿Don Efraín?</p>
<p>–        ¡Christy, por Dios Santo… mirá qué buena te mirás!</p>
<p>–        ¡Don Efra, qué buen disfraz!</p>
<p>–        ¡Mandy, vos también estás para comerte entera! – entonces el hombre se volteó a Roberto, que daba gracias a Dios que su máscara ocultara su gesto de idiota… esas putillas estaban para comérselas enteras – ¡Mirá, ellas son las 2 amiguitas de las que te había hablado! La duendecita, es Christy…</p>
<p>–        Mucho gusto Beto… – Christy lo saludó con voz melosa y caliente.</p>
<p>–        …y ella es… Mandy… – el viejo dijo su nombre de una forma muy significativa.</p>
<p>–        Mucho gusto Beto…</p>
<p>–        El gusto es mío señoritas… – Roberto, educado como era, las saludó con una leve inclinación, deslumbrado por su belleza… y ellas con la suya.</p>
<p>Sus ojos grises se toparon de frente con los luceros celestes de ella, que estaba deslumbrada con su presencia, ataviado con ese impecable traje militar del siglo XIX, de chaqueta y pantalón verde musgo y camisa roja. Discretamente se relamió los labios, saboreando desde ya a ese gran macho que, en breves momentos seguramente la tendría ensartada hasta los huevos. Y a Christy y a Don Efraín no les pasó desapercibido la química que nació entre ellos al instante y, por un momento, se sintieron de más allí. Los 4 fiesteros voltearon a ver el gran reloj que colgaba de una de las paredes… la noche todavía era joven y prometía mucho…</p>
<p>.     .     .     .     .</p>
<p>Mandy y Beto bailaron tan pegados que ni el aire podía colarse entre ellos, no les interesaba la música, ni siquiera la escuchaban, solo querían sentirse uno al otro, respirar el aire que el otro exhalaba. No tardaron mucho en confirmar lo que Don Efraín les comentó, los 2 estaban soberbiamente dotados, Roberto lo sintió sobre su muslo y Mandy en su bajo vientre. Ella se sentía acomplejada por su gran falo, no era lo que una señorita debería tener entre las piernas, para ella era una cosa grotesca a pesar que todo el mundo opinaba lo contrario.</p>
<p>Hacía ratos que Christy y Don Efraín los habían dejado solos y ellos apenas recién se daban cuenta… les hizo gracia. Y entonces, en ese momento, el Cascanueces besó con pasión a la hermosa Venadita, cuya mirada enfebrecida le indicó que tenía que llevársela, ya estaba lista. Y así lo hizo, no había nada más que decir. La tomó de la mano y la condujo, a ella le gustó su tacto fuerte y delicado. Subieron por las escaleras y todos los volteaba a ver, sabían a dónde se dirigían y a qué. Llegaron a un pasillo amplio y largo en donde estaban las numerosas habitaciones en donde Don Efraín hospedaba a sus invitados. Habían solo 2 condiciones para usarlos: se prohibía cerrar la puerta y quitarse las máscaras.</p>
<p>Mandy y Roberto pasaron despacio observando lo que ocurría adentro. En las primeras 2 puertas encontraron multitud de gente teniendo sexo. Pero al llegar a la tercera se toparon con una orgía salvaje protagonizada por Don Efraín que berreaba desesperado mientras 2 machos enormes y violentos lo sometían y taladraba por turnos. Roberto sonrió, sabía cómo le gustaba a su jefe ser dominado y maltratado; Mandy también sonrió y sintió, además, envidia por la suerte que tenía Don Efraín de estar subyugado por esos magníficos sementales.</p>
<p>Ni ella ni Roberto pudieron soportarlo más, él la tomó de la mano nuevamente y se la llevó corriendo, casi arrastrándola, buscando un cuarto vacío. Lo encontraron casi al final del pasillo, entraron precipitadamente y Roberto tiró de ella con fuerza, la besó con pasión y luego se separó de ella, se sentó en la cama y empezó a reír.</p>
<p>–        ¡Dios mío Mandy… esta es una fiesta de locos!</p>
<p>–        ¡Si… jamás imaginé estar en un lugar así, je, je, je!</p>
<p>–        Pero bueno, ahora vamos a ver qué tan perra resultás ser tu… – agregó y ella lo abrazó y acarició su ancha espalda, se sintió aguijoneada y excitada.</p>
<p>–        Mmmm… pues decepcionado no te vas Beto… ¿te gusta lo que ves papito?</p>
<p>–        Me encanta… sos increíble, una verdadera hembra…</p>
<p>Roberto se quitó la chaqueta y de nuevo se fusionaron en otro apasionado beso, rodeó su cintura con sus fuertes brazos y la llevó, poco a poco, a un sofá. Así tomaron asiento y ella no se anduvo con sutilezas, empezó a sobarle el bulto. Él se dejó hacer, cerró los ojos y siguió besándola mientras ella le estrujaba el paquete por encima del pantalón, lo encontró duro y listo para la guerra.</p>
<p>Mandy dejó sus labios para lamerle el cuello y quitarle la camisa al mismo tiempo, descubriendo un torso amplio fuerte y peludo, se sintió fascinada por él, era un oso fuerte y viril. Siguió por su pecho y se detuvo en sus pectorales grandes y besó y chupó sus pezones oscuros, al mismo tiempo le abría la bragueta. Por fin liberó ese instrumento que tanta curiosidad le daba y se llevó una sorpresa, Beto estaba muy bien dotado, con unos huevos grandes y una verga dura y muy gruesa de no menos de 20 cm que parecía verla a los ojos amenazadoramente.</p>
<p>–        ¡Por Dios! – exclamó y siguió bajando, lamiendo todo en su camino hasta alcanzar su gran verga, a Mandy ya se le hacía agua la boca</p>
<p>Pasó la lengua sobre su glande rojo e inflamado y le sacó un profundo suspiro, él la tomó de la nuca y presionó, su tremenda talega separó súbitamente las quijadas de la hembrita y se coló hasta el fondo de su garganta. Eso le gustó, le fascinaba que un macho la sometiera y la obligara a tragar de esa forma. Sin soltarla, Beto comenzó a cogérsela por la garganta, tirando fuerte de su cabello. Mandy adoraba sentirse &#8220;obligada&#8221; y ser tratada como a una perra. Solo la dejó libre para terminar de desnudarse, luego la agarró del pelo de nuevo y la separó de un tirón brusco.</p>
<p>–        Quiero verte desnuda… – su voz tuvo más autoridad de lo que había planeado, le gustó sentirse así, en control de la situación. Era una de las razones por las que le gustaba su doble vida, con su mujer jamás podría hacer todo esto.</p>
<p>Ella se puso de pié y, despacio y con coquetería, comenzó a desnudarse, no necesitó muchas maromas, su ropa era escasa. Sonrió satisfecha al ver su expresión excitada cuando quedó solo con sus medias oscuras de rejilla, sus zapatos de tacón y su antifaz. Beto quedó maravillado, era una sílfide delgada y perfecta, blanquísima, con los pezones perforados con aros plateados y un piercing brillante en el ombligo. Con lo que Mandy si tuvo problemas fue con su inmenso pene y sus enormes testículos, que escondió entre sus piernas cruzadas.</p>
<p>–        ¿Satisfecho de tu hembrita papito?</p>
<p>–        ¡Mucho más de lo que puedo decir con palabras!…</p>
<p>–        Entonces no me lo digás con palabras… – le dijo, acercándose a él como gata en celo. Lo besó suavemente y trató de sentarse a horcajadas sobre sus piernas, pero su enorme pene no se lo permitía, pues no quería que se le saliera por el frente. Roberto solo reía de sus intentos de acomodárselo, pero como lo tenía parado era imposible.</p>
<p>–        ¿Problemas con algo, Mandy? – me preguntó riendo.</p>
<p>–        No… no… todo está bien… – respondió ella, molesta y azorada.</p>
<p>–        Mandy, dejémonos de cosas que Don Efraín ya sé contó que tenés una verga inmensa. Quiero vértela amor… enseñámela…</p>
<p>A ella eso no le hizo gracia, su pene la inhibía horriblemente, pero obedeció, no quería quedarle mal. Separó las piernas y, como un resorte, su hercúlea erección de caballo quedó descubierta. Su gigantesco y grotesco pene se balanceaba horizontalmente frente a sus desmedidos y pesados testículos, como una boa. No pudo evitar sentir una fuerte vergüenza ante la mirada atónita de Roberto.</p>
<p>–        ¡Dios mío, y yo que pensaba que estaba bien dotado! ¡Qué verga tan increíble, impresionante! – ella estaba a punto de decir algo cuando él le agarró el glande – ¡Jamás había visto nada igual en mi vida, es soberbia, me encanta! – entonces la empujó y la hizo caer en el sofá, se arrodilló y se la llevó a la boca.</p>
<p>¡Qué delicia, Mandy sinceramente no esperaba que un macho como él le mamara la verga! Y cómo lo hacía, pues aunque la muchacha se dio cuenta que no tenía práctica, lo hacía con ganas. Succionaba su glande con forma de ciruela y a la vez lo lamía dentro de su boca, al mismo tiempo le masajeaba suavemente los testículos y le rozaba el ano, solo para desesperarla pues sabía que a ella le gustaba. Y ella gemía como dama moribunda mientras recibía ese esmerado trato. Ver a ese gran macho de rodillas ante ella le provocaba un morbo indescriptible.</p>
<p>Luego Beto se detuvo y se puso de pié, la tomó de la mano y la llevó a la cama, se tumbaron en ella con él encima y siguieron besándose apasionadamente. Empezó a acariciarla y a tocarla como a una mujer de verdad, apretándole las tetas y acariciándole los pezones, agarrándole y amasándole las nalgas. Ella se dejaba hacer, mareada por el vapor etílico de su propia excitación y con la sensación única de estar flotando sobre nubes. Pero quien quería participar más activamente era su pene, que presionaba su vientre con fuerza.</p>
<p>–        Tengo algo presionándome aquí abajo, je, je, je. – dijo Roberto riendo.</p>
<p>–        Si… perdón… es que tengo un pene muy rebelde…</p>
<p>–        ¡Mandy, Mandy, no se puede enyuntar a un potro bravo, ja, ja, ja!</p>
<p>A ella le pareció un comentario muy corriente pero no le dijo nada. Bruscamente la jaló y le dio un beso muy apasionado y casi violento, luego la empujó y la bajó del lecho, ella cayó de rodillas y quedó a 4 patas con el culo bien paradito. Mandy sintió que su ano se ponía a palpitar de la emoción.</p>
<p>–        ¿Ya me vas a encular papito? – le preguntó, moviendo el culo y ofreciéndoselo.</p>
<p>–        Si Mandy… te voy a dar gusto…</p>
<p>–        Dale pues, penetrame… partime en 2 con tu macana…</p>
<p>–        Macana es la que tenés colgando entre las piernas… – le dijo separándole las piernas un poco, de forma que quedó abierta y con “todo” colgando – Así es como me gusta verte Mandy, así, sin ocultar nada… sos lo mejor de 2 mundos.</p>
<p>Roberto se puso de pié, sacó de su chaqueta un tubito de lubricante y se echó un poco en dos dedos, presionó sobre el ano de su amante y, poco a poco y sin esfuerzo, se los metió. “¡¡¡AAAAHHHHH!!!” gimió ella de placer, le encantó sentirlo dentro de su ser, hurgándola y abriéndola. Los dedos se movían en su recto y entraban y salían dibujando círculos. Le metió hasta 3, de vez en cuando los sacaba y escupía en su ano o se untaba un poco más de lubricante antes de volvérselos a introducir. A ella le encantaba.</p>
<p>–        ¿Lista Mandy? – le preguntó, tomándole al mismo tiempo su lago garrote que casi se rozaba el suelo. Era una pregunta retórica, ¡ella se estaba muriendo de ganas! Por toda respuesta Mandy movió su culo seductoramente – Bueno, entonces ahí voy… – se puso de pie, automáticamente ella apoyó la cara en el suelo y se abrió las nalgas con las manos, ofreciéndole su agujero. Él la sujetó de las caderas y puso la punta de su pene sobre su ano, apenas necesitó presionar un poco y ya tenía la cabeza adentro de ese delicioso culo.</p>
<p>–        ¡¡¡AAAAHHHHHH!!! – gimió ella en un largo y placentero suspiro – ¡¡Dale Beto, cogeme duro papito, AAAHHHHH, qué rico!! – la perrita subió la cara y se topó con 3 mirones masturbándose viendo como era tomada… se calentó más aun.</p>
<p>Pese a su gran dilatación sintió algo de escozor, pues esa verga tenía un grosor considerable. Pero sus ganas eran mucho mayores y rápidamente inició un rico culeo, contrayendo su ano para sentirlo mejor cada vez que ese pene entraba y salía de él. En minutos ya estaban perfectamente coordinado y sus movimientos se hacían cada vez más bruscos, estremeciéndola por completo a cada embestida de él, su pene se bamboleaba como un gran péndulo bajo su cuerpo.</p>
<p>–        ¡¡¡AAAHHH, AAHHH, Dios mío… BETOOOOOGGGHHH, AAAHHHHH!!! – sus gritos y gemidos se hacían más fuertes conforme aumentaban su ritmo y el placer crecía. Mandy se sentía completamente llena y totalmente abierta, se sentía sometida a ese macho soberbio que la estaba partiendo a la mitad.</p>
<p>Él también se percató de los mirones y, tras cohibirse con poco, sintió un gran morbo que lo empujó a ser más agresivo, si querían un espectáculo se los daría. Jaló a su amante del pelo con fuerza y la levantó, la besó con pasión, catando el sabor de sus labios y lengua. La agarró de la verga y se la comenzó a frotar vigorosamente, asombrándose de lo gorda y dura que era. Se preguntó qué se sentiría ser penetrado por algo así y sintió como su calentura crecía.</p>
<p>La soltó, tomó asiento en el sofá y le señaló su regazo, lanzándoles una elocuente mirada a los mirones, ella entendió lo que tenía que hacer. Se puso a horcajadas sobre él, con su ano hambriento sobre su verga y volteando a ver con ojos pícaros a los intrusos, comenzó a bajar. Roberto mantenía su pene en posición para facilitarle la inserción y con su mano libre la agarró de la cintura haciéndola bajar más rápido. “¡¡¡OOOGGGGHHHH, AAAAHHHH!!!” gimió ella de gozo, el poderoso tronco volvió a entrar en ella y más profundamente si cabe, debido a la postura.</p>
<p>–        ¡¡¡¡AAAAYYYY, BETO, DESTROZAME DE UNA BUENA VEEEZZZGGGHH!!!! – le gritó totalmente fuera de si. Y él le hizo caso, comenzó a taladrarla como un salvaje – ¡¡¡AGHH, OOOUUUHHH… ME MATAS, ME MATAASSGGHH!!! – con sus brazos la ayudaba a subir y bajar cada vez más rápido, destrozándole el culo y matándola de placer y de vicio.</p>
<p>–        ¡¡¡SOS LA HEMBRITA MÁS RICA QUE HE CONOCIDO MANDY, SOS LO MÁXIMO, AAHH!!! – gemía él, viendo de reojo como uno de los 3 mirones se arrodillaba para mamársela a los otros 2… ¡aquella fiesta era una barbaridad!</p>
<p>Mandy continuó cabalgando a su macho, su ano ya no era más que un gran boquete abierto y una fuente inagotable de placer. Sabía que no se podría sentar en una semana, pero no le importó, aquello valía la pena. Lo mismo pensaba él, que se preguntaba lo que dirían su esposa y sus hijos si lo vieran en ese estado, violando brutalmente a una hembra tranny con la verga más grande que la suya. ¡Y hasta con mirones, por Dios, todavía le costaba creer todo aquello!</p>
<p>Enloquecido de tanto gozar, y como un toro desbocado, Beto se levantó y volvió a cambiar de posición, pero sin dejar de cogerla. La puso boca arriba sobre el sofá, con la cabeza apretujada contra el respaldo y las piernas sobre sus hombros, el largo pene de la muchacha le quedó a menos de un palmo de su rostro y eso lo excitó más. Así continuó barrenándola, hasta parecía que le quería arrancar el culo a vergazos. El goce era demasiado para ella, con un ano tan sensible no pudo resistirlo más y alcanzó un ruidoso y violento orgasmo.</p>
<p>–        ¡¡¡¡BETO, BEEETOOOGGGHHH!!!! – Mandy acabó como loca sobre su propio cuerpo tan solo con la estimulación en su recto – ¡¡¡¡AAAAHHHH, AAAAHHHH, AAAAAHHHHH, PAPIIIIIIGGGGHHHH!!!! – lanzó largos y abundantes chorros de semen sobre su rostro, cuello y pecho, retorciéndose y gimiendo de gusto.</p>
<p>–        ¡¡¡ASÍ MANDY, ACABÁ, GOZÁ CON MI VERGA, PERRA!!!</p>
<p>–        ¡¡¡¡OOOHHH, OOOHHH!!!!… ¡¡¡¡MMMMMGGGGHHHH… AAAAGGGHHHH!!!!</p>
<p>Fue un orgasmo apoteósico, increíble, vació por completo todas las reservas de sus testículos y, con ellas, todas sus energía. Quedó derrengaba en el asiento mientras su macho no dejaba de taladrarla, verla acabar así lo puso peor. La tenía firmemente sujeta de la cintura y continuaba embistiéndola con un ritmo frenético, cada vez con más fuerza y violencia, resoplando más fuerte. Los 3 mirones ya estaban adentro, 2 de ellos hacían un 69 sobre la cama, el otro se acercó a Roberto desde atrás y se puso a acariciarle el culo. Ese atrevimiento lo calentó todavía más, si es que se podía, y empezó a arremeter sin control ni ritmo, jadeando más que ella. Y Mandy intuyó que su orgasmo estaba cerca…</p>
<p>–        ¡En mi boca Beto, vaciate en mi boca! – le dijo y se deslizó al suelo de rodillas.</p>
<p>–        ¡¡¡¡AAAAAAHHHHHH, MANDY, MANDY… OOOOOAAAAAAHHHHHHHHH!!!! – sacudiéndose con vigor la verga, y con un par de dedos entre el culo, Roberto lanzó un fuerte bramido y acabó a cántaros. Su hembrita lo esperaba con la boca abierta y la lengua afuera.</p>
<p>El primer chorro entró directamente a su garganta debido a la presión que llevaba. Luego un baño de semen caliente y espeso (directamente proporcional a la talla de sus gordos huevos) cayó sobre su lengua, cara, ojos y garganta. Y ella tragaba y tragaba extasiada aquel néctar, gimiendo tanto o más que él. Finalmente sus estertores finalizaron y él retrocedió y se derrumbó sobre la cama, junto a la otra pareja, jadeando agitadamente y sudando a mares. Mandy se quedó arrodillada y bañada en esperma y sudor, con el culo abierto y palpitante y el corazón acelerado… ambos con una sonrisa de profunda satisfacción.</p>
<p>El tercer mirón la comenzó a acariciar y hasta le metió 2 dedos entre el culo como si nada, asombrándose de lo abierta que la había dejado. Ella no le hizo caso y, así como estaba, se acercó a Roberto gateando como una perra y se metió su ya casi flácida verga en la boca para dejársela limpia. Él se la pasó por toda la cara, recogiendo los restos de su semen y llevándoselos a la boca. Y ella, agotada y algo adolorida como estaba, se sentía feliz y plena ahí en el suelo, como una mujer de verdad que acababa de darle gusto a su macho.</p>
<p>–        ¡MMMMMM… rico! – exclamó ella en un susurro, relamiéndose su semen.</p>
<p>–        Riquísimo… espero haber dejado satisfecha a la señorita… – le contestó él.</p>
<p>–        MUUUUUY satisfecha papito… ¿y a ti te gusté… por lo menos te caí bien?</p>
<p>–        RE-bien… – le dijo y la besó suavemente.</p>
<p>Al mismo tiempo la muchacha le movía el culo al tercer mirón muy coqueta y sugestivamente, estaba desatada y quería más. Ella y Roberto consultaron el reloj… la noche todavía era joven, muy joven.</p>
<p>.     .     .     .     .</p>
<p>Dejó que el agua tibia de la ducha recorriera su cuerpo aquella mañana, ya eran más de las 11. Estaba agotado y desvelado, había sido una fiesta increíble, cogió más de 3 veces y una de ellas con uno de los mirones. Pero ahora venía la parte fea del asunto: la resaca moral. Gozara lo que gozara, jamás podría salir del closet y dejar de ser “el hombre” que todos querían que fuera. Ahora volvería a su casa con su mujer e hijos y haría como si nada hubiese pasado, como si todo estuviera bien. Y ya nada estaba igual ni estaba bien, se había encontrado a si mismo, se descubrió como un amante del sexo más sucio y por primera vez en su vida se sentía pleno. Y eso lo mataba, su esposa era buena y no se merecía eso. Y sobre todo Mandy… su Mandy. No sabía nada de ella, ni siquiera conocía su rostro, pero sabía que a partir de aquella noche era suya.</p>
<p>Y mientras pensaba en esto dejaba correr el agua tibia sobre su cuerpo pecaminoso, acariciándose el falo que ya empezaba a despertar. Roberto vio su reloj, se le hacía tarde para volver a su casa…</p>
<p>.     .     .     .     .</p>
<p>–        ¡Ay! – exclamó Mandy, mientras se untaba el ano con pomada pues lo tenía inflamado y escocido… “deliciosamente escocido” pensó.</p>
<p>Ya eran más de las 11 de la mañana y todavía estaba en casa de Christy, agotada y desvelada. Aquella había sido una fiesta increíble, se la cogieron más de 3 veces y hasta se cogió a uno de los 3 mirones con su gigantesco pene. Pero ahora venía la parte fea del asunto: la resaca moral. Gozara lo que gozara, jamás podría salir del closet y dejar de ser “el hombre” que todos querían que fuera. Ahora volvería a su casa con sus padres y hermana y haría como si nada hubiese pasado, como si todo estuviera bien. Y ya nada estaba igual ni estaba bien, se había encontrado a si misma, se descubrió como una amante del sexo más sucio y por primera vez en su vida se sentía plena. Y eso la mataba, pues su familia era buena y lo quería, nunca podría romperles el corazón. Y sobre Beto… su Beto, su semental. No sabía nada de él, ni siquiera conocía su rostro, pero sabía que a partir de aquella noche era suya.</p>
<p>Y mientras pensaba seguía untándose pomada, sintiendo la acción calmante casi al instante y tranquilizando a su pobre ano. Je, je, por lo menos no quedó tan mal como Christy, que por puta y caliente se dejó sodomizar al mismo tiempo por 2 grandes machos y la destrozaron. Armando vio su reloj, se le hacía tarde para volver a su casa…</p>
<p>.     .     .     .     .</p>
<p>La mujer estaba atareada en la cocina, se había quedado en compañía de su hija menor, solas toda la noche, y eso no le gustaba. Pero qué le iba a hacer, su hijo salió con su amigo Christian y su marido tuvo que viajar por cosas del trabajo. De pronto los oyó regresar, le causó gracia que los 2 volvieran al mismo tiempo. Los oyó saludarse afuera y luego los vio entrar.</p>
<p>–        Buenos días mama… – saludó, Armando, su hijo, con sus rizos dorados cayendo sobre sus hombros y su maleta deportiva en un brazo.</p>
<p>–        Hola cielo… – saludó, Roberto, su esposo, con su bigote y barba espesos y su media melena, impecablemente ataviado con uno de sus mejores trajes.</p>
<p>Ella sonrió ampliamente, la familia estaba completa. Voltearon a ver el reloj de la sala al mismo tiempo… todavía era temprano, estaban a tiempo para el almuerzo.</p>
<p>Garganta de Cuero</p>
<p>Envíenme sus comentarios y sugerencias a mi correo electrónico, besos ya abrazos.</p>
<p>ejerciciotr@gmail.com</p>
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