Historias de sexo travesti, relatos de travestis

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- Que te digo que no, Ignacio, no podemos permitirnos eso.

- Piénsalo! es una oportunidad -se oía al otro lado del teléfono.

Tomás e Ignacio eran socios y ambos tenían un despacho de abogados. Si bien Ignacio era brillante, Tomás era el que desde siempre había asumido el control financiero.

Las cosas les iban muy bien, y el despacho que tenían desde que juntos se licenciaron ya se les quedaba pequeño y no estaba situado lo suficientemente bien como para la clientela a la que aspiraban.

Ignacio había visto una oficina en alquiler en un edificio muy céntrico y señorial. Pensaba que era su oportunidad para subir a otro nivel, aunque Tomás sabía que últimamente las cosas estaban para ser mas consevador.

- Ya lo se que sería muy bueno, pero nos cuesta mucho dinero y si viene un mes malo no se si llegaremos.

- Que si, hombre, ya verás como nos va a ir mejor, confía en mi.

- Pero tienes que mirar… OSTIASSSSSSS!!!!

Tomás se había despistado con la conversación y cuando quiso darse cuenta, en un paso de cebra, no había frenado lo suficiente y una mujer estaba pasando. El atropello no fué excesivamente grave, pero si dió con la mujer en el suelo tras el golpe del parachoques en su pierna.

Tomás, consciente de las implicaciones legales que le podría suponer, salió raudo de su coche para auxiliar a la mujer que estaba lamentándose en el suelo.

- Estás bien? Te puedo ayudar?

- Joderrrr, me duele mucho! Creo que tengo la pierna rota.

- Perdona… no te vi pasar. Pero si quieres te subo al coche y vamos de inmediato al hospital.

- Ya podrías ir con mas cuidado! Esto me va a costar el trabajo!!!

Tomás supuso que la mujer, de acento extranjero, estaría trabajando como ilegal ya que en caso contrario el accidente solo le supondría una baja. Como pudo cogió a la mujer para introducirla en su elegante BMW, mientras ésta seguía quejándose del dolor producido por el golpe.

Sin quererlo, comenzó a fijarse en el cuerpo de la mujer que tenía en sus brazos, sus piernas eran firmes, de gimnasio, pensó, y su cintura fina. El pecho también parecía ser bonito. En ese momento le surgieron los reproches. ¿Como podía pensar en eso en una situación así? Por supuesto, ya había evaluado las consecuencias legales de aquello y estaba decidido en ayudar a la mujer en todo lo necesario, incluso económicamente, para que la cosa no fuese mas allá y evitar una denuncia.

Después de sortear la nube de curiosos que se habían agolpado alrededor del coche y de sentar a la mujer dentro, Tomás entró cabizbajo al coche y buscando mentalmente la ruta mas corta al hospital mas cercano. Sin entretenerse demasiado, arrancó el coche dejando atrás los comentarios que, como poco, le tachaban de asesino.

- Perdona, de verdad. Mira, me llamo Tomás y voy a ayudarte en todo lo necesario. Si tienes algún problema en tu trabajo por esto, no te preocupes…

Me encontraba en la zotehuela de mi casa vestida muy provocativamente, estaba por cruzar la puerta para entrar cuando escuché una voz que me resultó algo familiar. Me quedé pasmada después de escuchar ese saludo. Un sudor frio recorrió todo mi cuerpo. Sin medir las consecuencias mi giré rapidamente para ver de quién se trataba. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me topé con la mirada morbosa y embelesada de…¿mi vecino?.

-¿Pero qué estás haciendo aquí?¿Por dónde entraste?-Mi aspecto era completamente femenino pero mi voz se escuchó grave y con tono molesto. Cometí el error de hacerme hacia atrás y la puerta se cerró empujada por el viento.

-¡Tranquila muñeca!Eso es lo de menos, mejor preocupate de que te he encontrado vestida como una puta suculenta. No es la primera vez que te miro vestida de esa forma. ¿De verdad crees que nadie te observaba al salir al patio? Tuve la fortuna de escuchar el sonido de tus zapatillas y animado por la curiosidad miré a través de mi ventana, tú no te diste cuenta porque te encontrabas lavando no se qué. Al principio pensé que se trataba de una mujer no conocida pero hubo un instante en que te volviste y entonces pude reconocer tu rostro. Cuando ranudaste tu tarea te inclinaste y el viento levantó tu falda permitiendo que viera tus medias, los broches de tu liguero y parte de la tanga entre tus nalgas. ¡Por eso estoy aquí!-

Conforme hablaba me fue acorralando entre él y el lavadero. Su estatura y corpulencia eran imponentes por lo que no hubiera tenido la menor oportunidad de hacerle daño si me hubiera decidido a atacarlo.

-¡Qué rica te ves vestida asi putita!¡Creo estás de acuerdo en que no puedes pedir ayuda!. Quien se atreva a venir te vería vestida así y creo que eso no te conviene, ¿qué diría tu familia o algún otro vecino?-

Me quedé sin habla. Acepté que tenía razón así que me decidí a encarar la situación de la mejor manera.

-Estoy de acuerdo contigo, a los dos no nos conviene armar un escándalo. ¿Qué es lo que quieres, porqué estás aquí?-El tono de mi voz se suavizó y mi imaginación respondió mis últimas dos preguntas.

-¡Así está mejor putita!. Me sorprende que me preguntes lo que quiero. ¿Qué he de querer al tener cerca a una puta tan suculenta como tú?-Y llevó su mano derecha a la entrepierna estrujando el bulto prominente que se marcaba debajo del pantalón.

Me encontraba completamente sola en casa, aún había luz de día y tenía cuatro horas por delante. Estaba en franca desventaja. No tenía opción así que le dije que hiciera conmigo lo que quisiera y renuncié a mi actitud defensiva.

-No necesitas detallarme lo que deseas. Solo prométeme que en cuanto terminemos te olvidarás de mí y no volverás a buscarme-

El ya no argumentó nada más. Se acercó a mí y extendió su mano derecha como si fuera a saludarme, Yo extendí la mía y la tomó sin vacilar, la fue levantando y con el movimiento me obligó a girar mi cuerpo delante de él; me dejó a la mitad del giro…

Hola mi nombre es Ivonne, y les contare como inicie en este delicioso mundo del travestismo. Ahora tengo 25 años y a pesar de que sigo siendo de closet estoy locamente perdida en el vicio de ser penetrada por un hombre.

Todo comenzó a los 18 años, muy diferente a como la mayoría empiezan. Siempre había tenido definida mi sexualidad, me gustaba las chicas, mas sin embargo siempre había sido burla de mis compañeros diciendo que tenia mejor culo que algunas chicas de la clase, la verdad a mi me parecía una broma. Había terminado de estudiar el bachillerato en mi país Guatemala y soñaba con estudiar en la Universidad, pero la situación económica de mi familia no me lo permitió por lo cual me vi obligado a conseguir un trabajo. Trabaja todos los días en un pequeño camión repartidor de productos en centros comercial, por lo cual me tocaba manejar largas noches hasta llegar a casi todos lados en el Pais.

Un día me toco ir a un lugar llamado Cobán, Alta Verapaz como a 4 horas de la ciudad. Todo parecía normal en el día pero de repente empezó a caer una lluvia la cual en momentos se convirtió en una gran tormenta. Decididi seguir manejando esperando que el clima mejorara, cuando de repente escucho un gran ruido en mi carro, rapido pensé que había atropellado a alguien pero lo único que había pasado era que había golpeado una piedra y había pinchado mi llanta. ¡DIABLOS!, con rapidez me baje y me di cuenta que el problema era algo mas que eso. En ese momento me fruste y me enoje por lo cual me quede afuera del auto, mojandome y llorando amargamente por no poder hacer nada.

En ese momento veo como a lo lejos se acerca una carro, de esos tipo agrícolas, y en el iba un señor de unos 50 años. -¿puedo ayudarlo en algo?, fue su pregunta. Rapidamente accedí y me dijo que lo mejor era que dejara mi carro ahí, muy amablemente me ofreció un lugar donde pasar la noche. En el camino iba relatando que viva solo, que su única hija se acababa de ir de la ciudad para la capital y que su esposa tenia 5 años de haber muerto. Estaba sorprendido de la confianza que el me tenia.

Por fin luego de unos 20 minutos llegamos a su casa, el rápidamente me ofreció una toalla y me dijo: -no te preocupes, buscare algo de ropa para que te quites esa mojada-, le agradecí y espere unos minutos en la sala de la casa, que por cierto era una casa muy bonita. Miro los cuadros familiares y me di cuenta lo lindas que eran su esposa y su hija. Por fin apareció el, y me dijo -porque no subes al …

Hola a todos, hacía mucho que no escribía un relato pero hoy con el frío que hace y bien vestidita les contaré cómo es que perdí mi virginidad y por fui una mujer feliz!

Antes que nada, quise aprovechar la casa sola para vestirme y tomare muchas fotos, me encantan, hoy decidí darme una ducha y depilarme toda, me encanta ver mis piernas depiladas, me puse una tanga rosa con flores, muy coqueta, un bra color lila con encaje que hace que mis bubis se realcen y luzcan bonitas, a pesar del frío tengo puesta una mini falda ya que quiero aprovechar la depilada, todo esto lo combiné con un blusita azul y alacié mi cabello (lástima que no se pueden subir fotos).

Pero ésta historia no se basa en cómo estoy vestida el día de hoy sino en cómo por fin me animé a estar con un hombre. Yo tenía 18 años, la edad perfecta para poder ya dejar de ser virgen, en mi cabeza siempre rondó esa idea, al menos desde que empecé a vestirme, dejar de ser virgen a los 18 como toda una señorita, he de confesar que me daba miedo porque estaba confundida, ahora sé que me encanta.

Ya llevaba un tiempo de haberme mensajeado con un chico no tan chico, 32 años para ser exacta, guapo, alto, fuerte, amable, en realidad el único que me ha conquistado del todo, además de que siempre me han atraído los hombres maduros. Un día, por fin me decidí a verlo pero como buena niña “closetera” no tenía nada de nada, pero él como todo un caballero me llevó de compras.

Yo tenía clases en la Universidad pero dije “es ahora o nunca” y lo vi en la Zona Rosa, lo vi afuera de ZARA para escoger lo que me pondría, debo confesar estaba nerviosa porque era mi primer encuentro con un hombre y se me salía el corazón de tan solo estar parada ahí, nos quedamos de ver a las 3 de la tarde y fue puntual, estaba de espaldas y sólo sentí una mano en la cintura diciéndome “Mariana” (así me hacía llamar en mis inicios como chica, desde hace mucho soy Daniela), lo cuál me hizo sentir “Woooooow”. Nos saludamos, algo nerviosa pero me tranquilicé, escogí una mini falda negra muy corta pensando que me la levantaría y jugaría conmigo, una blusa morada escotada, medias negras y una tanguita coqueta, negra con un moñito al frente.

El camino a Versus (casa travesti de aquélla época) fue raro, la verdad platicamos poco pero él en todo momento me tranquilizó y tomaba mi mano para calmarme, eso de verdad lo sigo recordando hasta el momento. Por fin llegamos y la chica que me atendió me hizo sentir cómoda, segura y sobre todo linda ya que me dijo que me…

Lo vi por vez primera en el vestuario del gimnasio. Tenía unos cuarenta años y era un hombre fornido, de pecho amplio e hirsuto, brazos robustos y mandíbulas marcadas. Me enamoré de sus ademanes y de la mirada oscura y dulce que contradecía la hosquedad de su rostro.

En los días posteriores empecé a mostrar mis armas. Lo miraba como tímidamente y cuando estaba desnudo, me agachaba para que viera en primera línea todo mi misterio. Sabía que no era homosexual, pero mi juventud de veintidós años y mi cuerpo endeble y lampiño, con hombros caídos, pecho hundido, extremidades delgadas y culito respingón, junto mi rostro aniñado, me hacían muy femenino, y en varias ocasiones lo descubrí mirándome de soslayo.

Cuatro semanas después de insinuaciones calladas y miradas furtivas, aprovechando que había poca gente en el vestuario, me decidí. Con una toalla envolviendo mi cintura y ocultando lo que él odiaba, entré en la ducha donde se había metido, y lo miré a los ojos. Él vaciló asombrado y antes que reaccionara, me arrodillé frente él.

- No soy como tú – espetó.

- Yo tampoco soy como las demás – dije – Cierra los ojos.

No sé si lo hizo. Cogí su miembro y lo lamí suavemente para después metérmelo en la boca. Él no intentó zafarse, ni tampoco me dijo nada y ante la ausencia de rechazo, continué chupando, fascinado como su verga se hacía cada vez más grande dentro de mi boca. Luego me llené la boca con sus testículos, y con una astucia comedida, recorrí mi dedito entre sus nalgas, para que aprendiera la diferencia entre un mujer común y una persona como yo.

Finalmente me agarró la cabeza y con bruscos empellones me folló la boca salvajemente. Cuando noté que estaba a punto de venirse, me saqué la verga de la boca y la pajeé mientras le estrujaba y le lamía los huevos. Él me tiró del pelo, fuera de sí, y finalmente, soltando lengüetazos de leche, se vino sobre mi cara.

Lamí su leche de mis dedos y me levanté. Me acerqué a su oído, sin tocarle, pues no quería despertarlo de su momento mágico al verme como un hombre.

- Mañana por la mañana estaré solita en casa. – le susurré al oído – Y vestida como a ti te gusta. Si quieres, tienes mi dirección en el bolsillo de tus pantalones.

Entonces me fui y entré en otra de las duchas. Allí me metí tres dedos en el culito y soñé con él mientras jugaba con mi pollita tiesa y maliciosa. Me vine como nunca y me duché con calma, enjabonándome cada centímetro de mi piel y dándole tiempo a mi hombre de secarse, vestirse e irse. Pues no quería que me viera como un hombre. Él anhelaba a una mujer y yo le otorgaría más que eso.

A la mañana siguiente…

Después de haber debutado con mi amigo (“por primera vez tuve sexo con un amigo”) y como les había prometido, aquí les cuento como siguieron mis encuentros y como llegué a hacerlo también con mi vecino que vivía enfrente de mi casa.

Tal como les conté en mi relato anterior, con Daniel habíamos vencido los temores y dudas de la primera vez y vivía esperando a que llegaran los días miércoles para tener nuestros encuentros sexuales. Debajo de la ropa normal de nene llevaba puesta mi tanguita, medias y sostén, al llegar a su casa, él me daba la ropa y zapatos de su madre, con lo que me terminaba de vestir y me maquillaba. A partir de ese momento ya era toda una niña muy caliente y dispuesta a disfrutar al máximo de sus caricias y besos… sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo a medida que me iba desvistiendo hasta quedar solo con la ropa interior, medias y sandalias… me sentaba en el borde de la cama y me dedicaba a besar, lamer y chupar esa hermosa verga… me enloquecía sentir como crecía y palpitaba dentro de mi boca… después de saborearla un rato me acostaba sobre la cama y le ofrecía la cola… Daniel me sacaba la tanguita, me ponía un poco de crema y poniendo la cabeza de su verga en mi esfínter presionaba lentamente hasta tenerla totalmente metida y comenzábamos un movimiento coordinado, él empujaba hacia delante y yo hacia atrás… cada vez mas rápido, metiendo y sacando, aumentando cada vez más el ritmo hasta sentir su esperma caliente inundando mi interior… para mi era una locura de placer… durante tres o cuatro horas nos dedicábamos a coger hasta quedar agotados y particularmente yo con la cola ardiendo pero satisfecha por completo…

Durante el resto de la semana, cuando estábamos incluso con otros amigos, Daniel, cada vez que tenía la oportunidad, disimuladamente me tocaba la cola… él sabia que me gustaba sentir sus caricias y que no iba a decir nada por temor a descubrirnos… era como estar jugando al límite del peligro…poco a poco nos fuimos haciendo más osados y lo repetíamos mas seguido sin darnos cuenta que Orlando, mi vecino de enfrente, había notado algo y estaba continuamente pendiente de todos los detalles…

Así fue que un día, después que el grupo de despidió y que cada uno iba para su casa, me dijo que lo espere así volvíamos juntos.

Mientras volvíamos caminando me dijo que tenía que cortar algunos racimos de uvas y que si lo ayudaba para hacerlo mas rápido me daba algunos para mi…

Entramos a su casa, fuimos al patio y mientras yo miraba el parral él trajo un banco largo, lo dejó en medio del patio, se paró a mi lado y me tocó la cola…

Yo: Que estás haciendo? Que te pasa?

Orlando: Porque te pones así?… Yo vi en más de una oportunidad que Daniel te tocaba y no decías nada…

Tercera parte.

-Doble penetración…suena delicioso-Vanessa iba sumida en sus pensamientos en el asiento trasero del taxi. La erección de su pene le molestaba un poco. Cada que el auto pasaba alguna irregularidad del asfalto la vibración provocaba en ella más excitación.

-¿Le ocurre algo Señorita?-Cuestionó el conductor del taxi mirándola por el espejo retrovisor.

Vanessa se sobresaltó y se apresuró a responder.

-Eh, no, no, gracias…mmm, bueno, es que quiero llegar cuanto antes al hotel, no sea que mi amiga llega antes que yo, no quiero echar a perder sus planes-Remató con un guiño de ojos.

-Ah sí, su amiga. Por cierto, las dos son muy lindas, sé que no son mujeres pero así como se han arreglado y como se comportan lo parecen al 100%-Dijo el conductor devolviéndole el guiño.

-¡Ay, muchas gracias, eres muy lindo!-Respondió Vanessa en tono más que sugestivo. El conductor no paso por alto el tono de la respuesta y continuó conversando con ella de manera más desenvuelta.

Vanessa solicitó la llave de la habitación a la chica que atendia en esos momentos la administración del hotel. Oscar, era el nombre del conductor del taxi, la esperaba cerca de los ascensores.

Vanessa recibió las llaves y se apresuró a llegar hasta Oscar que la devoraba con la mirada mientras ella se acercaba. Después que las puertas del ascensor se cerraron él se abalanzó sorpresivamente hacia ella y la abrazó con fuerza buscando sus labios para besarla. Ella se dejo aprisionar por el abrazo, sus cuerpos quedaron muy pegados y ambos sintieron sus virilidades. Ella ladeo su cabeza y permitió un beso que se prolongó hasta que las puertas del ascensor se abrieron. Se adentraron en el pasillo y caminaron abrazados. Antes de que llegaran a la habitación correspondiente, se abrió la puerta de otra de ellas y entonces apareció el chico al cual Valeria y ella misma habían coqueteado deliberadamente. Vanessa se encontró con la mirada de éste y nuevamente volvió a sonreírle y guiñarle el ojo sin meditarlo. Oscar se percató de dicha acción y le preguntó a Vanessa si conocía al chico.

-No, no tengo el gusto-Su voz se escuchó fuerte y clara terminando en una sonrisa.

El otro chico se apresuró a salir de la habitación cerrando tras de sí con la llave en sus manos.

-El gusto es mío Señorita-Dijo dirigiéndose a ellos y extendiendo su mano.-Me llamo Alberto. Voy a salir a comprar unas cosas, pero me encuentro con ustedes. ¿Se van a descansar?-Dijo mirando con mucho interés a Vanessa. No disimulaba el agrado que sentía por ella.

-Eso depende de ambos-La voz de Vanessa se escuchaba emocionada al tiempo que pegaba sus nalgas al cuerpo de Oscar.

-¡Caray reinita!¡¿Te gustaría estar con los dos a la vez?-Preguntó Oscar tomando a Vanessa por las caderas y empujando su virilidad en su trasero.

-¡Cláro!Si el también quiere-Respondió melosamente.

Oscar y Alberto se encontraban completamente desnudos y juntos…

Disculpen la tardanza pero aqui está la continuación de mi relato.

Sin darme tiempo de nada, mi nueva amiga Yessenia, detuvo un taxi y le indicó a donde ir, nuestro viaje duró apenas unos 20 minutos pero nos dio algo de tiempo para que ella me contara parte de su historia, que la verdad era la típica historia de la chica travesti que al ser descubierta es forzada a huir de casa y sin posibilidad de trabajo se ve forzada dedicarse a la prostitución para lograr sobrevivir.

Cuando llegamos al lugar, se trataba de un bar no tan oculto como yo esperaba, estaba en las orillas de la ciudad, una bandera de arcoiris sobresalía sobre el muro negro de la fachada, un tipo alto y algo mal encarado estaba en la entrada. Saludó a Yessenia con mucha familiriadad y me presentó con él, ambas entramos al local que estaba bastante concurrido, había personas de todas las edades, pero pude notar que éramos muy pocas las travestis en el lugar. Nos dieron una mesa en una esquina y al poco rato llegaron dos amigas de Yessi, Alexia y Karina, me presentó con ellas y comenzamos a charlar y a beber algunas margaritas, entonces se presentó en la mesa un hombre bastante apuesto, como de unos 35 años de edad, bastante alto y por su aspecto se veía de muy buena posición económica, me invitó a bailar, yo volteé a ver a las demás y Yessi me hizo señas que aceptara y fuera con él.

Me llevó al centro de la pista abriéndonos paso entre las parejas que se movían al ritmo de la música electrónica que hacía vibrar todo el establecimiento, apenas podía escuchar lo que me decía, así que debíamos acercarnos mucho para cruzar algunas palabras.

Me llamo Fernando ¿y tú?

Brenda

Lindo nombre, no te había visto por aquí

Es la primera vez que vengo (si supiera jijijiji)

Bailamos por mucho tiempo, nos sentamos algunas veces, volvimos a la pista seguimos bailando, en fin, me contó que era divorciado, tenía 36 años, tenía su propia empresa de hilaturas, en fin, en pocas horas supe casi por completo su vida y él la mía. No dejaba de alentarme a seguir adelante con mi deseo de ser mujer, hasta que por un momento me perdí en su manera de mirarme y él me besó, sentí su lengua dentro de mi boca, rozando la mía, la sensación era agradable, placentera, por dentro algo me decía que eso no estaba bien, que yo era un chico y estaba disfrutando como otro hombre me besaba, pero, pero acallé esa voz llegando a la conclusión acertada, no tenía nada de malo, después de todo yo era una mujer, me sentía mujer por dentro y ahora comenzaba a serlo por fuera, así que no tenía nada de malo que me besara un hombre, entonces respondí con más pasión aquel beso. Comenzamos a acariciarnos frenéticamente, hasta que me detuvo para invitarme a su casa, le dije que me gustaría conocerlo mejor antes de aceptar su invitación, esperé cualquier reacción y le hice señas a mis nuevas amigas para que me auxiliaran en caso de ser necesario, pero Fernando simplemente anotó en un papel su número de teléfono…

Lo sentí. Sentí el bulto en mi culo. Y se me puso dura.

Bailábamos la música pachanguera y petarda que nos hacía creer que estábamos en una verbena en agosto, pero no. La realidad se llamaba “garito de Chueca”, ni sé el nombre. No podría decir donde está pero sí como son los baños. Con todo lujo de detalles.

Esa noche salí con César a cenar. Somos colegas desde hace años y quedamos de vez en cuando. Ahora coincide que estamos sin pareja los dos. Yo hace menos, por eso llevaba días insistiéndome en liarla para que se me olvidara el mal rollo.
Cenamos más que bien y nos tomamos algo en un par de sitios. Vamos a Chueca, Iván. Te vas a reír, hazme caso. Pero, ¿a Chueca? es que no sé. Yo no estaba muy convencido porque nunca había estado en un bar que no fuera hetero claramente. Pero a las cuatro de la mañana no estaba yo para decidir, así que cuando me di cuenta entrábamos en un pub donde había de todo. Quiero decir parejas gays, lesbianas, y gente más o menos sola. También heteros, supongo. Si estábamos nosotros habría más…

César es muy cachondo, más atrevido que yo, en el sexo y en todo. Creo que es la persona que menos prejuicios tiene de las que conozco.
A la segunda copa me vi en medio de la pista casi haciendo corro con la gente. Me hacía falta desconectar y puedo decir que estaba perdiendo los papeles…qué gusto.

Una chica muy guapa se puso en medio de los dos con los brazos arriba mientras meneaba las caderas. Rubia, de pelo largo. Llevaba un vestido negro no muy ajustado de tirantes anchos. Y medias, porque le brillaban los muslos y al rozarla una vez sin querer la noté muuuuuy suave. No pude evitar mirar los zapatos. Me ponen cachondísimo los zapatos. Uffffff…llevaba tacones negros, sandalias brillantes, de charol. No muy altos porque ya era alta.
Y muy sexy. En un segundo nos imaginé a los tres follando. En cualquier otra ocasión me hubiera visto yo solo con ella, pero no sé porque en ese momento me excitó más algo que nunca había hecho: un trío… y qué mejor que con César, un amigo, y esa pedazo de tía.
Fue un segundo, el tiempo justo para que se pusiera detrás cogiéndome por la cintura y se restregara. Y lo sentí y se me puso dura. Coño, ¡es un tío! pensé. Pero me balanceaba con ella y pensaba en ELLA. Joder, me estaba dando gusto. Mucho, demasiado. A ella también. Le notaba el bulto, apretado como si lo tuviera muy sujeto pero ahí estaba, como una piedra.
A la vez las tetas se clavaban en mi espalda, y qué tetas. Claro, también como piedras.
César se puso al lado, muy cerca y con el cubata en la mano derecha pude ver como su…

Tendría unos 24 años por entonces. Iba con cierta frecuencia a casa de mi hermana a ver a mi sobrinito, que era todavía un bebé. Algunos días solía coincidir en la visita con Fran, que era amigo y compañero de trabajo de mi cuñado Alberto.

Fran era un hombre de unos 44 años, es decir, bastante mayor que yo, era separado y tenía 3 hijos, que vivían con su exmujer. Aunque nunca lo miré como candidato a novio, tanto por la edad como porque no sabía su opinión sobre las mujeres transexuales, teníamos muchas afinidades.

Observaba, cómo a veces me miraba a hurtadillas, pero nunca le di importancia, pues había muchos hombres que también lo hacían, tal vez por cierta curiosidad. Siempre nos saludábamos con un par de besos.

A mí siempre me gustaron los hombres maduros, tal vez porque se mostraban mas galantes, cariñosos… y en el sexo procuraban dejarme saciada.

Un día mi hermana me dijo que yo le gustaba a Fran, que él se lo había dicho en secreto a Alberto y este por último a ella. Aunque no le puse mucho interés, me gustó saber que él sentía algo por mí, aunque sólo fuera atracción sexual.

Un día que coincidimos visitando a mi sobrino, Fran se ofreció a llevarme en su coche de vuelta a casa, ya que era un día lluvioso y yo no tenía paraguas.

Al llegar a casa, aparcó en un hueco cercano y empezamos a despedirnos. Dándole las gracias, me acerqué a besarle en la cara. Pero Fran buscó mi boca con sus labios, quedándome al principio algo confundida, pero enseguida sentí el cosquilleo en mi estómago de sentir unos labios grandes y carnosos, que me impulsó a entregarme yo también a aquél beso interminable.

Fran, me puso la mano sobre mi muslo, acariciándolo por encima de mi media de lycra y abriéndose paso por debajo de mi falda, que se encontraba algo remangada hacia arriba. Entre sus labios y su lengua penetrando mi boca, mientras me hacía la caricia en mi entrepierna con su mano, llegó un momento que casi tengo un orgasmo. Pero fui yo la que metiendo mi mano en su bragueta, conseguí aferrarme con fuerza a su miembro erecto y duro, haciéndole una paja mientras él me besaba con pasión.

Saqué mi mano manchada de su semen caliente y me lo llevé a los labios para saborearlo. Después él me besó, probando el sabor de su propia virilidad.

Quedamos al día siguiente con la intención de liberar nuestras pasiones al máximo. Los dos teníamos ganas de follar y la atracción era mutua.

Fuimos a su casa. Fran, vivía en un pisito pequeño, que sólo compartía con sus hijos el fin de semana que le tocaba estar con ellos. Tomamos una copa mientras me enseñó algunas fotos de cuando era más joven y estaba en el ejercito. Le dije que aún estaba bien fisicamente, que conservaba un cuerpo atlético y musculoso. Esto le hizo sentirse bien y me rodeó con los brazos haciéndome sentir una pluma contra su cuerpo.

- Tu si que tienes…

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